TODA UNA VIDA LABORAL RESUMIDA EN UNA SOLA PALABRA: GRACIAS.

Mater nostra gratia plena. Cuarenta y cuatro años de vida laboral, me han permitido formar parte de tu universalidad, al mismo tiempo que caminar junto a tu trono, día a día, paso a paso y descubrir, cada una de las estancias que conforman tu santa casa de Guadalupe, donde la contemplación se transforma en pálpito que ilumina el alma y sacia al cuerpo.

Códices de Milagros de Nuestra Señora de Guadalupe. A.M.G.


 La espiritualidad brota por cada baldosa que recorre la paz de tus claustros, en los que los milagros nos hablan de los sentimientos y creencias profundas de aquellos que en su vida hallaron la gracia y la misericordia de tu querido Hijo, unos como camino de salvación y otros como modelo de vida, tal como contemplamos en la mismísima sacristía o en la subida al camarín.

La oración se hace camino cada mañana, al cruzar el coro basilical, para comenzar la jornada siguiendo aquella sabia costumbre jerónima y al igual que la aurora bendice al nuevo día yo busco tu mirada cada jornada en medio del retablo mayor para darte las gracias, como esa luz sonrosada que precede al Sol, hacedor de nuestras vidas.

La hospitalidad, esa virtud que con tanto celo practicaron los moradores de esta santa casa en cada una de sus dependencias durante ocho siglos y que yo comencé a practicar cuando en 1982 entré a formar parte de esta empresa como secretario de la revista Guadalupe, sabedor de la responsabilidad que se depositaba en mis manos.  Ese honor de servir, cuidar y atender a los suscriptores y corresponsales a lo largo de estos años ha sido estrecho y fraterno, tratando en todo momento de que el mensaje guadalupense llegara a cada una de las familias y hogares cada dos meses y que, a partir de los años noventa, se me permitió formar parte del equipo de redacción, diseño y maquetación de la misma. Esa familiaridad creo haber compartido también con cada uno de mis compañeros a lo largo de mi vida laboral (1982-2026), a los que quiero igualmente manifestar, tanto a los presentes como a los que me precedieron en este caminar, mi gratitud y mi recuerdo por su fiel testimonio.

Compañeros del Monasterio, haciendo familia.


La sabiduría es la recompensa de la vida y aquí he de manifestar que, en este camino permanente de formación, siempre he contado con la aquiescencia de la Comunidad Franciscana,  con la fraternidad de bastantes hermanos franciscanos y, sobre todo, con la maestría de Fray Sebastián García que me abrió las puertas del Archivo y la Biblioteca del Real Monasterio, no sólo para mostrarme sus secretos y tesoros, sino igual que hizo él durante veintisiete años, para ponerlos al servicio de la cultura y de la investigación, compartiendo así conocimientos y amistades con un selecto elenco de investigadores y estudiosos de la historia, del arte, de la ciencia y de la religiosidad que emanan de este Real Santuario Nacional y Monasterio de Santa María de Guadalupe.

Plenas gracias, Madre. Continuaré sirviéndote más allá del 15 de marzo, quizás ahora de una forma más contemplativa, aunque no tengo dudas de que seguirás proveyendo mi futuro caminar.

A.  R.