CARLOS V Y GUADALUPE (I)

Antonio Ramiro Chico,

Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe 


INTRODUCCIÓN

            Guadalupe, lugar de peregrinación y de encuentro de reyes y príncipes desde sus propios orígenes, fue declarado Real Sitio el 25 de diciembre de 1340, cuando Alfonso XI, el Justiciero, rey de Castilla y de León (Salamanca, 1311- Gibraltar, 1350) desplegó toda su protección sobre la aldea de Guadalupe, declarándola de Patronato Real y a su primitiva iglesia la elevó a rango de Santuario Nacional, como ofrenda a Nuestra Señora por haberle ayudado a salir victorioso de la batalla del Salado (1340), por lo que mandó ensanchar y ennoblecer con honrados beneficios el mencionado templo, otorgando también la Carta-Puebla  de sus términos (1337-1347).



            El primer contacto que Carlos de Gante tuvo con Guadalupe fue con motivo de la muerte de su abuelo, Fernando, el Católico (Sos, 1452- Madrigalejo, 1516), quien camino del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, falleció en la granja que el monasterio jerónimo tenía en Madrigalejo (Cáceres), donde redactó su último testamento, en el que reconocía a su nieto Carlos de Gante como legítimo heredero de sus reinos, rectificando así sus anteriores testamentos (Burgos, 1512 y Aranda del Duero, 1515), en los que reconocía a su nieto Fernando, hermano menor de Carlos. Para resolver estos asuntos el príncipe Carlos envió a su embajador el Deán de Lovaina, Adriano de Utrech, a Guadalupe en 1516, más tarde Papa Adriano VI.

            De esta forma, abuelo y nieto, mantenían la unidad de España, por la que tanto había luchado la Reina Isabel la Católica y sentaban las bases del posterior Imperio Español.        

I.ANTECEDENTES

            Otra de las gracias que concedió Alfonso XI al santuario en 1340 fue la institución de un Priorato secular, presentando como primer prior a don Pedro Gómez Barroso, cardenal de España y a la sazón rector de la iglesia de Santa María de Guadalupe.   

Pocos días después, el 6 de enero de 1341, el Arzobispo de Toledo don Gil Álvarez de Albornoz reconocía el priorato secular y el patronato real, a favor de Alfonso XI y de sus sucesores, instituyendo a Don Pedro Gómez Barroso como primer prior secular.

Siete años después, tanto el monarca como el arzobispo reconocían en sendos documentos (Santa María del Paular, 28 de agosto de 1348 y Santorcaz, 5 de octubre de 1348) el señorío temporal del prior sobre la Puebla, quedando de esta forma suprimida su dependencia directa e inmediata de la autoridad real, por lo que todo el territorio de Guadalupe quedaba sometido a la autoridad eclesiástica y civil del prior.

Dicho señorío temporal fue ampliado con jurisdicción de mero y mixto imperio, el 15 de noviembre de 1388, por el rey Enrique II. Después de 41 años y cuatro priores seculares: Pedro Gómez Barroso, Toribio Fernández de Mena, Diego Fernández de Mena y Juan Serrano, la institución se había relajado en su funcionamiento y los impulsos de la nueva reforma que promovía la iglesia, hizo que el rey don Juan I de Castilla, apoyado en su derecho de patronato, alzase la iglesia de Guadalupe en monasterio de la Orden de los Ermitaños de San Jerónimo.

A este efecto, el monarca expidió en Sotos Albos, el 15 de agosto de 1389 una real provisión por la que entregaba a Fray Fernando Yáñez de Figueroa y a sus sucesores cuanto pertenecía al santuario y él había recibido de los reyes sus antecesores, junto con los términos y el señorío de mero y mixto imperio sobre la Puebla de Guadalupe.

De la misma forma, el Arzobispo de Toledo, a la sazón Pedro Tenorio, en cuya jurisdicción está levantado el santuario, accediendo a los deseos del rey, otorgó su pleno consentimiento en carta firmada en Alcalá de Henares el 1 de septiembre de 1389, confiriendo a don Juan Serrano poder bastante para la entrega del santuario y conversión del mismo en monasterio de la Orden de los Ermitaños de San Jerónimo.

El 23 de octubre de 1389, Fray Fernando Yáñez fue elegido primer prior regular por la comunidad, formada por 32 monjes venidos desde el Monasterio de San Bartolomé de Lupiana (Guadalajara), quienes habían llegado el día anterior.

Consolidada la fundación, el 16 de octubre de 1394 Benedicto XIII, Pedro de Luna, confirmó la erección del santuario en monasterio con la bula His quae pro utilitate.

A partir de este momento la adhesión de los jerónimos a la corona fue institucional, total, continua y sincera, aunque ello les obligó a tener que pagar un alto peaje- también económico-, por la utilización que hicieron los monarcas de la Orden Jerónima y del propio Real Monasterio de Guadalupe.

Dicha relación va a llegar a su máxima expresión con los Reyes Católicos, quienes van a mostrar su aprecio institucional y personal, tanto con la Orden Jerónima como al Real Monasterio de Guadalupe, a quien la reina en sus más de veinte visitas que hizo decía sentirse en su “paraíso”.

Alfonso XI y los Reyes Católicos agradecen a la Virgen de Guadalupe su intercesión por la batalla del Salado y de Granada< Pintura. Biblioteca del Real Monasterio. Siglo XVIII,

Isabel y Fernando se refugiaban en Guadalupe para descansar, rezar y trabajar con el fin de llevar a cabo cada una de sus empresas, como la conquista de Granada, 2 de enero de 1492, tal como recoge su carta dirigida al prior Fray Nuño de Arévalo contándole que después de siete siglos se había logrado la unidad de España, o la firma de las sobrecartas, firmadas en Guadalupe, urgiendo a Palos y Moguer la entrega de la carabelas al propio Cristóbal Colón para que llevara a cabo su proyecto descubridor.

Su devoción a Santa María de Guadalupe fue estrecha y sincera a la que encomendaron cada una de sus empresas otorgándole grandes ofrendas como las dos capas de brocado verde y una carmesí, un “muy rico dosel de brocado”, el terno del “Tanto Monta”, un crucifijo con el primero oro que vino de América o el mismísimo testamento de la Reina Isabel, quien dispuso se custodiara en el Archivo del Monasterio de Guadalupe.

De igual forma su madre, doña Juana mostró gran devoción a esta santa casa, confirmándole en 1508 todos los privilegios que los Católicos Reyes, sus padres, y los otros sus antecesores habían dado a este monasterio, ofreciendo en esta ocasión cien mil maravedíes en limosna.

II.ENCUENTROS

            Carlos V educado en Flandes, con raíces germánicas e influenciado por la cultura francesa, unirá a su persona ese sentido providencialista que heredó de los Reyes Católicos, considerando su persona como el brazo escogido de Dios: “Fiat volutas tuas”. Este lema será la constante que recorra su vida, tanto en sus éxitos como en sus fracasos.

Si su primer encuentro con Guadalupe fue con motivo de la muerte de su abuelo Fernando el Católico. El segundo encuentro sería con la Orden Jerónima a través del Cardenal Cisneros y de Adriano de Utrech, quienes en nombre del heredero Habsburgo se dirigieron al padre general de la Orden, fray Pedro de Mora , en julio de 1516 para solicitarle, después de encontrarse en Guadalupe, algunos religiosos que fueran a la Isla de la Española “en servicio y bien de estos reinos”, por la delicada situación en que se encontraban las tierras del Nuevo Mundo y la población nativa, con el fin de organizar los asuntos de allí, según las “instrucciones” que les dieron.

            Aunque una vez más, el Padre Las Casas se impuso a Cisneros y Carlos I mandó limitar los poderes de los jerónimos, quienes a finales de 1520 ya estaban de regreso en sus respectivos conventos.

            De nuevo, un conflicto histórico o batalla marcará la relación más estrecha del Emperador con Guadalupe, como ocurrió con Alfonso XI o los propios Reyes Católicos. En este caso, será la victoria de Pavía, el 24 de febrero de 1525, en la que Carlos V ve la mano divina, por lo que sintió la necesidad de dar gracias a Dios. De ahí que, no dude en ponerse en camino para peregrinar, siguiendo los pasos de sus antecesores hasta el Santuario y Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe por tan importante victoria, en la que franceses y españoles se enfrentaron por el ducado de Milán y que supuso que nuestra nación impusiera sus dominios sobre Italia.

            Procedente de Madrid, Carlos I se dirigió a Guadalupe haciendo su particular peregrinación en seis jornadas, cabalgando en torno a seis leguas diarias, con un solo descanso para comer, siguiendo el Camino Real por Móstoles, Casarrubios, Santa Olalla, Talavera de la Reina, El Puente del Arzobispo y Villar del Pedroso, pernoctando en cada uno de estos lugares. El lunes, 10 abril su Cesárea Majestad cruza el río Tajo para adentrarse en los Montes de Toledo. Al día siguiente, 11 de abril, con parte de su corte, llegó al Hospital del Obispo, donde descansó para comer. A continuación, se puso en marcha para descubrir las sierras de Guadalupe a cuyo Real Santuario llegó a la hora de cenar de este mismo día, Martes Santo, donde fue recibido por su prior, fray Miguel de Villahoz y la Comunidad jerónima que habitaba el monasterio.

            Su estancia de siete días en la Hospedería Real, levantada para acoger a los Reyes Católicos después de la conquista de Granada, coincidió con la celebración de la Semana Santa a la que se sumó participando en los solemnes oficios litúrgicos organizados por la Comunidad Jerónima, que sin lugar a dudas marcó su sentido providencialista.

            Durante esta visita Carlos V concedió al monasterio varias gracias, como la de la explotación de minas de hierro y cobre existentes cerca del “Arca del Agua” en la falda de las Villuercas. Igualmente, trató con la comunidad sobre el proyecto de realizar un nuevo retablo para el altar mayor, cuya traza elaboró días después, el escultor Juan de la Borgoña.

Ejecutoria de don Carlos I de España de la Cancillería de Granada contra los vecinos de Guadalupe para que no formen Concejo. !526. Archivo Municipal de Guadalupe.


            El día 18 de abril agasajada su Majestad de manera extraordinaria por la Comunidad Jerónima partió el Martes de Pascua, después de almorzar, hacia Toledo por la ruta de Navalvillar de Ibor, Oropesa, Talavera y Torrijos, llegando a la ciudad imperial el 27 de abril, donde tenía convocada las Cortes de Castilla. No imaginaba el Emperador que estas tierras extremeñas que pisaba por primera vez ahora, serían el lugar donde acabaría sus días.

            Los jerónimos, atendiendo a los deseos del César, le concedieron la Carta de Hermandad, que le enviaron a Toledo el 21 de abril, junto con “dos imágenes de oro de Nuestra Señora para el libro de Vuestra Magestad” y la traza del retablo, aunque éste no se pudo llevar a cabo por los apuros económicos suyos y de su hijo Felipe II. No sería hasta el reinado de Felipe III, cuando se inauguró el nuevo retablo.

            El Monasterio, por su parte, socorrió a su Cesárea Majestad en 1528 tras el revés de Orán con 2.000 ducados, más 200 marcos de plata que le prestaron y la aplicación de 54 misas cada año por él.

            Según narra Pedro Medina en su Libro de Grandezas y cosas memorables de España (1549) al hablar de la Hospedería Real de Guadalupe dice lo siguiente: “Y así mismo la cesárea Magestad del Emperador nuestro señor y la emperatriz, muchos días que han estado en esta sancta casa ha sido aquí su aposento…”, lo que indica que pudieron venir más de una vez. Lo que es cierto, es que Isabel de Portugal dio durante su reinado constantes testimonios de su amor y devoción a Nuestra Señora, así como el afecto a su casa y monjes como se puede colegir por la documentación suya que se adjunta.

Quiso además la Emperatriz que la Virgen de Guadalupe fuera la destinataria del vestido con el que entró triunfante en 1526 en Sevilla para llevar a cabo sus esponsales, con el que la Comunidad Jerónima confeccionó, posteriormente, el llamado “Terno de la Emperatriz”. A ella debe también Guadalupe el Breve de Paulo III sobre el Jubileo Plenísimo y Perpetuo (1535) para todos los fieles que en la Fiesta de Septiembre visiten dicho santuario.

Otro de los encuentros que enriquecerá a su Cesárea Majestad será el contacto humano con algunos de los monjes e hijos de Guadalupe, que sirvieron y trabajaron en la confección de su imperio, como Fray García de Loaysa, colegial de Guadalupe, dominico, inquisidor general, arzobispo de Sevilla; Fray Pedro del Rosal, monje de Guadalupe, Virrey de las Indias; Fray Francisco de Santa María, prior de Guadalupe, participó en el Concilio de Trento; Gregorio López, famoso jurisconsulto guadalupense, padre del derecho indiano o los galenos de los hospitales de Guadalupe que formaron parte de su Protomedicato: Francisco Arceo, Ceballos, La Parra, Del Águila, Soto, Yerto, Moreno, entre otros, quienes aportaron sus sabios conocimientos a la historia de la medicina mundial.

En 1555 Carlos V aquejado de gota y cansado de la vida, decidió retirarse al monasterio de Yuste, donde el prior de Guadalupe le visitaba cada mes, llevándole ciertos presentes: “porque a su Cesárea Majestad gustaba de los carneros que se cebaban en esta Casa, tuvo el cuidado de enviarle todas las semanas el número competente para que no le faltara este regalo”.

A partir de estos encuentros, Carlos V establecerá una gran relación con Guadalupe y la Orden Jerónima, tal como se refleja en la documentación que se conserva en el Archivo Histórico del Real Monasterio de Guadalupe.

(Este estudio ha sido publicado en el Boletín de la Academia de Yuste, núm. 55 (2025), con motivo del V Centenario de la Visita de Carlos V a Guadalupe (1525-2025). La parte documental se ofrecerá en una segunda entrega).

TODA UNA VIDA LABORAL RESUMIDA EN UNA SOLA PALABRA: GRACIAS.

Mater nostra gratia plena. Cuarenta y cuatro años de vida laboral, me han permitido formar parte de tu universalidad, al mismo tiempo que caminar junto a tu trono, día a día, paso a paso y descubrir, cada una de las estancias que conforman tu santa casa de Guadalupe, donde la contemplación se transforma en pálpito que ilumina el alma y sacia al cuerpo.

Códices de Milagros de Nuestra Señora de Guadalupe. A.M.G.


 La espiritualidad brota por cada baldosa que recorre la paz de tus claustros, en los que los milagros nos hablan de los sentimientos y creencias profundas de aquellos que en su vida hallaron la gracia y la misericordia de tu querido Hijo, unos como camino de salvación y otros como modelo de vida, tal como contemplamos en la mismísima sacristía o en la subida al camarín.

La oración se hace camino cada mañana, al cruzar el coro basilical, para comenzar la jornada siguiendo aquella sabia costumbre jerónima y al igual que la aurora bendice al nuevo día yo busco tu mirada cada jornada en medio del retablo mayor para darte las gracias, como esa luz sonrosada que precede al Sol, hacedor de nuestras vidas.

La hospitalidad, esa virtud que con tanto celo practicaron los moradores de esta santa casa en cada una de sus dependencias durante ocho siglos y que yo comencé a practicar cuando en 1982 entré a formar parte de esta empresa como secretario de la revista Guadalupe, sabedor de la responsabilidad que se depositaba en mis manos.  Ese honor de servir, cuidar y atender a los suscriptores y corresponsales a lo largo de estos años ha sido estrecho y fraterno, tratando en todo momento de que el mensaje guadalupense llegara a cada una de las familias y hogares cada dos meses y que, a partir de los años noventa, se me permitió formar parte del equipo de redacción, diseño y maquetación de la misma. Esa familiaridad creo haber compartido también con cada uno de mis compañeros a lo largo de mi vida laboral (1982-2026), a los que quiero igualmente manifestar, tanto a los presentes como a los que me precedieron en este caminar, mi gratitud y mi recuerdo por su fiel testimonio.

Compañeros del Monasterio, haciendo familia.


La sabiduría es la recompensa de la vida y aquí he de manifestar que, en este camino permanente de formación, siempre he contado con la aquiescencia de la Comunidad Franciscana,  con la fraternidad de bastantes hermanos franciscanos y, sobre todo, con la maestría de Fray Sebastián García que me abrió las puertas del Archivo y la Biblioteca del Real Monasterio, no sólo para mostrarme sus secretos y tesoros, sino igual que hizo él durante veintisiete años, para ponerlos al servicio de la cultura y de la investigación, compartiendo así conocimientos y amistades con un selecto elenco de investigadores y estudiosos de la historia, del arte, de la ciencia y de la religiosidad que emanan de este Real Santuario Nacional y Monasterio de Santa María de Guadalupe.

Plenas gracias, Madre. Continuaré sirviéndote más allá del 15 de marzo, quizás ahora de una forma más contemplativa, aunque no tengo dudas de que seguirás proveyendo mi futuro caminar.

A.  R.


LA CRUZ DE LOS BARREROS

 Antonio Ramiro Chico,

Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe.




“Así como son ocultas las enfermedades de un cuerpo económico,

lo son también las de un grande edificio y aunque éstos tengan

buen semblante y disposición, suelen enfermar y morir de repente…,

por lo cual nuestros Padres primeros ordenaron que en esta Casa,

hubiese dos oficinas [ Obra y herrería], que atendiesen

a todas sus quiebras y a todos sus reparos”

(Fray Esteban de Horche, 1697),

 

INTRODUCCIÓN

        Hace ya algunos días varios vecinos de  Guadalupe me preguntaron por una cruz de madera que cuelga  desde hace varios siglos de la fachada de la casa, hoy propiedad de los herederos  de Agapito Leza Baños y Faustina Enríquez González, situada  en el número 26 de la calle Alfonso Moreno Collado, anteriormente denominada Barrero o Barrio de la Barrera del Tejar.



        A pesar de  haber consultados varias fuentes, tanto manuscritas y bibliográficas, sobre la historia, oficios y cartografía de la Puebla y Villa de Guadalupe, nada se recoge sobre este hecho que forma parte de la espiritualidad de las distintas cofradías o hermandades  que desde la Edad Media se instituyeron en la Puebla en torno a su Santuario Nacional (1340) como lugar santo de peregrinación.

        En Extremadura las circunstancias de la propia Reconquista condicionaron  el desarrollo del propio gremio de los barreros o alfareros, debido en parte al empuje de los almorávides y almohades, verdaderos técnicos en el trabajo del barro. No será hasta la Edad Moderna  cuando estos profesionales alcance cierta importancia  en el desarrollo de los gremios.

        En Guadalupe, dichos trabajadores desde el principio estuvieron bajo la tutela, en primer lugar, del priorato secular y del Patronato Real, instituido por Alfonso XI el 25 de diciembre de  1340. A partir de 1348, tras la concesión  del Señorío temporal al prior sobre la Puebla todo el territorio quedará sometido  exclusivamente  a la autoridad eclesiástica y civil  del prior, que será quien regule el funcionamiento  de  dichos trabajadores, lo que ocurrirá hasta las primeras décadas del siglo XIX.

BARREROS, ALFAREROS, OLLEROS

        Todos estos profesionales eran trabajadores del barro, material imprescindible  para el importante desarrollo que alcanzó el Santuario de Guadalupe en el siglo XV, su Puebla y granjas de esta empresa innovadora, que tenía regulado todas sus estructuras, como se puede colegir por el Libro de los oficios del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe:

        “Tejar. En este tejar labran quasy IIIIº meses: junio, julio, agosto y septiembre. Son menester aquí syete hombres. Dase a cada uno al mes LXXX maravedíes . Gástanse aquí II mil maravediés. Vale  el millar de la teja a  CCCXXX maravedíes. Sale el çiento a XXXIII e el X a III maravedíes i III dineros. Vale el millar de ladrillo a CCCCXL maravedíes, sale el C a  XLIIIIº maravedíes, la dozena a IIIIº maravedíes e IIIIº dineros, II mil maravedíes”[1].

          “Junio; 1. “Aquí se provea el tejar de gente para traer la teja”.

          Fray Esteban de Horche narra también en su obra: Instrucción de un Passagero para no errar el camino  la necesidad que tenía el Padre Mayordomo de poner todo su infjujo, para que todos los veranos se haga abundantemente: Teja y ladrillo, y que se haga bien, porque suele salir comúnmente por falta de cuidado unas veces crudo y otras por dar el fuego de prisa y arrebatadamente, quemada y derretida la obra, porque se necesita de que echen más tiempo que lo ordinario al darle fuego y dándosele al principio con mucho tiento, y con poca leñas y se ha de procurar que haya dos tendedores de tejas, porque no falten los dos hornos cada semana y desde luego ha de poner gran cuidado, en que de ninguna manera se venda uno, ni otro, porque de todo se necesita para el gasto de Casa y para la del Arca, que son muchas y todo esto es necesario para ocupar la gente y por falta de esta prevención suele faltar los materiales a la mitad del invierno·.

Barreros, eran los encargados de extraer el barro y de fabricar las tejas y los ladrillos, elementos imprescindible para la construcción del Real Monasterio, la Puebla y sus respectivas granjas.

Alfareros, trabajaban el barro ayudados por el torno haciendo utensilios de cerámica y los famosos atanores vidriados, que desde el siglo XIV utilizaron en grandes cantidades para la cañería y conducción del agua a Guadalupe.

Olleros, llamados así porque realizaban las ollas o vasijas, bien para el aceite, el vino o la miel. Todos ellos productos de primera necesidad para la vida del monasterio y sus peregrinos.

Hay dos obras que por su importancia y colosal infraestructura  son fiel referente del trabajo que desarrollaron los “barreros” en Guadalupe:

La primera: La traída del agua desde  el mismo nacimiento del río Guadalupe hasta el  monasterio, realizada durante el priorato secular(1350­_1367), en tiempo de Toribio Fernández de Mena-, en cuyos veinte mil pies se gastaron más de 30.000 doblas de oro.

La segunda: La construcción del Claustro Mudéjar con su singular templete, obra de Fray Juan de Sevilla. Levantado el claustro sobre la antigua Plaza de Armas, ocupa una superficie de 1680 metros cuadrados y su construcción se llevó a cabo durante el priorato jerónimo de  fray Fernando Yáñez de Figueroa (1389_1410), en el que se utilizó principalmente ladrillo aplantillado y barro crudo, con mortero de cal.

EL TEJAR

El Monasterio poseía un Tejar a las afueras de la Puebla, en el barrio de Arriba, al final de la barrera del Tejar, por debajo de la calle Matorral y por encima del actual centro de ASDIVI, en medio de dos huertas  que poseía el  Monasterio en aquella época, tal como recoge nuestro paisano José Antonio Jorge en el interesante mapa que elaboró de la Puebla de Santa María de Guadalupe para el siglo XVI, publicado en el anexo del libro El Arca del Agua, de fray Hipólito Ámez Prieto.

Enfrente de la puerta de entrada al tejar había dos hornos de teja y ladrillo[2], que se utilizaban para cocer dichos materiales de construcción, que junto con el horno de cal del Mato estaban principalmente destinado para cubrir las necesidades materiales de sus edificios, como los demás ingenios artesanales, estaban grabados con los censos perpetuos, por lo que su rentabilidad era muy alta, superior incluso, a la que producían los propios molinos del monasterio.

        Solamente los hornos de teja estaban valorados en 2.000 reales anuales, a los que se debe sumar los 2,200 reales del honor de cal. Tanto en uno como en otro existían una serie de estructuras que se completaban  con un  número de edificios añadidos: 5 casas eran necesaria para almacenar el producto y las cuadrillas de trabajadores que se encargaban de los hornos, moraban cerca del lugar de la fabricación, principalmente en la barrera del Tejar.

        La arcilla, según nos ilustra  Jose-Carlos Salcedo Hernández en su tesis doctoral Urbanismo y Arquitectura de la Puebla  de Guadalupe se obtenía de zonas arcillosa de los rellenos terciarios de derrubio de ladera dentro de su propio término. La arcilla de mayor calidad era la que se utilizaba para la formación de ladrillos, tejas y caños, previa cocción  en sus respectivos hornos.

        Los ladrillos fabricados en Guadalupe tenían un formato mayor a los ladrillos actuales (36 x 16 x 5 cms). También se fabricaban  baldosas y azulejos, de formato cuadrado entre 2,5 y 3 cms, que por su bajo grado de cocción  se empleaban siempre para interiores.



        La teja cerámica, formato árabe o romano de Guadalupe es de cañon, de 20 cms de cuerda mayor, que tiene como módulo el antebrazo de un hombre.

Las tejas elaboradas en el tejar se  secaban  en la era alta, es decir la era del matorral, cercana al lugar de producción, hoy dicho espacio está ocupado por las instalaciones del tanatorio.

OLLERÍA

La Ollería estaba situada  en la Huerta del Monasterio, tal como recoge el grabado de Antón Van Den Wyngaerde /Antonio de las Viñas) de 1567, que reseña con el número 6, conocida hoy como la de los almendros, junto a la calle cantera y tenía su propio horno, en el que se cocían las piezas vidriadas, como las propias ollas, posiblemente los atanores de la cañería, así como otros utensilios manufacturados de la propia loza  de la casa.

A su cargo solía estar un maestro, un oficial  y un aprendiz. En 1752, según se anota en el Catastro de Enseñada  el Monasterio tenía asalariados 11 maestros de alarife, 6 peones y un repiero de alarife, lo que demuestra la gran actividad que todavía ejercía el gremio en el siglo XVIII.

Los caños fue otro elemento importante de la construcción guadalupense, fabricados en la Ollería, también con arcilla. Utilizados para la conducción del agua, aunque en este caso se empleaba el torno alfarero con forma troncocónica y machihembrado, que para mayor resistencia se  vidriaban mediante la técnica de vidriado a la galena.

Hay constancia que existía una mina de galena en la Casa de Navalconejo, propiedad en su día también del Monasterio.

LA CRUZ DE LOS BARREROS

        La cruz, representa por una parte,  la fe , la redención y la victoria sobre la muerte, mientras que el barro, simboliza la fragilidad humana, la creación , la humanidad y la conexión con la tierra.

        Por tanto, la combinación de ambas realidades, nos hablan  de  la humanidad creada a partir del barro y redimida por la cruz, o de la naturaleza temporal y material del ser humano en contraste con la eternidad de la fe.

          La cruz de los barreros está asociada como hemos visto a un gremio, que por su localización bien hubiera podido formar parte de  ese colectivo de los barreros o alfareros, tal como se enmarca bajo el soportal con hermosos postes ochavados, levantados con cal y ladrillos aplantillados visto.

          La cruz  rectangular está realizada en madera de castaño, otros de los elementos característicos de la arquitectura popular guadalupense. Mantiene su propia simetría con su línea vertical, llamada palo o árbol (mide 125 cms), mientras que su línea horizontal o travesaño (mide 71 cms).

          En sus respectivos brazos lleva incrustados dos clavos de buena forja de las antiguas herrerías guadalupenses, igual que el que aparece en su propio pie en representación de los tres clavos de Cristo utilizados en su crucifixión.



El significado de dichos clavos es el siguiente: el clavo del brazo derecho significa que estamos libres de culpabilidad; el brazo izquierdo significa la cancelación de todos los argumentos de Satanás y el del pie, significa la victoria sobre la opresión con la que pagó Cristo nuestra redención. Puede que en su cúspide, en su día, llevara la corona de espina, símbolo del martirio que Cristo sufrió

LEYENDA

            La espiritualidad y la fe vivida en esta Puebla y
Villa, desde el momento de la aparición de la Virgen de Guadalupe a un pastor ha potenciado la aparición de relatos literarios asociados a determinados hechos o lugares, ofreciendo en este aspecto Guadalupe una rica y variada fronda de leyendas y tradiciones guadalupenses.

        Así sucedió con la Cruz de los Barreros, que según cuenta la tradición oral una de las familias que vivió en dicha casa procedió en su día a descolgar la cruz de su enclave propio, quizás al  enjalbegar de nuevo la fachada de cal o al pensar que aquel símbolo era solo un trozo de madera  y para la familia en cuestión no representaba nada más, por lo que su propietario decidió ocultar la cruz en la cuadra de la casa.

        Al poco tiempo de quitar la Cruz, la familia y el vecindario,  comprobaron  que en dicha casa comenzaron a ocurrir una serie de sucesos extraños, como la muerte de una de las acémilas que tenía la familia.

        También uno de los componentes de esa familia  comenzó a sentirse mal, viendo cómo según  iba pasando el tiempo dicha familia iba entrando en desgracia por lo que sintieron el temor de Dios, como don del Espíritu Santo, es decir una reverencia profunda y respeto a la Cruz, que de nuevo volvió a colgarse en su primitivo lugar de la Barrera del Tejar, la fachada de dicha casa.

        Sus inquilinos comprendieron así la inmensidad de Dios y nuestra propia pequeñez, como esa materia que es el barro, lo que les hizo ver su humildad y a la dependencia de Él.

        De esta forma, la Cruz de los Barreros volvió a lucir sobre ese paño blanco o sudario de la propia cal  como símbolo de la redención humana para testimoniar la infinita misericordia de Dios hacia sus hijos.

 

BIBLIOGRAFÍA:

ANÓNIMO. Libro de los oficios del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. Tomo I. Badajoz, 2007.

[HORCHE, Fray Esteban OSH], Instrvccion de vn passagero para no errrar el camino. Madrid, 1697.

CATASTRO DE ENSENADA, Guadalupe 1752. Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Introd. Enrique LLOPIS. Madrid, 1991.

ÁMEZ PRIETO, Hipólito. El Arca del Agua. La gran obra hidráulica realizada por el Santuario-Monasterio de Guadalupe. Sevilla, 2015.

ALBA CALZADO, Miguel. “El sistema gremial y su persistencia en la alfarería tradicional extremeña” en XXII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 1993.

http://chdetrujillo.com/tag/miguel-alba-calzado.

 

BLANCO CARRASCO, José Pablo, “El Monasterio de Guadalupe y su Puebla a mediados del siglo XVIII. Estructura de la propiedad y control socioeconómico”, en Guadalupe y la Orden Jerónima, Una empresa innovadora. Actas del congreso. Badajoz, 2008.

A.M.G. Códices 115 y 116. Libro de los caños del agua. Siglo XVIII.



[1] En una nota al margen se dice: “Comiençan a cavar el barro a XV de octubre o en acabando  las vendimias e a traherlo al tejar ante que entre el invierno, si se pudiere.

[2] Según se recoge en los códices 115 y 116: Libro de caños de agua de este Monasterio de Santa María de Guadalupe, aunque el Catastro de Ensenada los sitúa junto al Bailadero.


LA REAL BASÍLICA DE GUADALUPE, TEMPLO JUBILAR AÑO SANTO 2025

Antonio Ramiro Chico

Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe

    La Iglesia de Santa María de Guadalupe en su ya larga historia como centro de peregrinación del mundo cristiano ha venido disfrutando de Jubileo plenísimo y perpetuo desde 1535, gracias al breve de Paulo III: “Romanus Pontifex”, que concede indulgencias para todos aquellos peregrinos que visiten dicho Santuario Nacional en las Fiestas de Nuestra Señora de Septiembre, gracia que se logró a través de la gestión personal de la Emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V.

    Desde el 25 de diciembre de 2024 la Real Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe (Cáceres) ha visto incrementada notablemente la afluencia de peregrinos que han acudido en mayor número a este Santuario de la Madre de Dios, bajo el bendito y universal título de Guadalupe, Santuario designado templo jubilar por nuestro Arzobispo de Toledo, don Francisco Cerro Chaves, con el fin de obtener las indulgencias de este Año Santo 2025, para crecer como “peregrinos de esperanza”, celebrando los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía, rezando por el Santo Padre y activando la caridad cristiana.



Nueva Guía para peregrino de Guadalupe.

    Para potenciar, alimentar y guiar dichas peregrinaciones, don Francisco Cerro Chaves, arzobispo de Toledo, primado de España acaba de sacar a la luz la “Guía del Peregrino”, publicación a todo color con 140 páginas.

El volumen se abre en su introducción con unas palabras de aliento al peregrino, a la que sigue la Carta pastoral Guadalupe: Hogar de María, ‘casa de sanación’, escrita con motivo del Año Jubilar Guadalupense (2020-2022) por el Arzobispo de Toledo y los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Extremadura (Mérida-Badajoz, Plasencia y Coria-Cáceres). El apartado se concluye con la Carta del Papa Francisco, con motivo del hermanamiento de los Santuarios de Guadalupe en Extremadura y México del 11 de febrero de 2023.

    La segunda parte de la Guía, dedicada expresamente a las Rutas de Peregrinación, recoge los Caminos a Guadalupe, 33 itinerarios preparados por Mariano Rodríguez con la ficha técnica de cada uno de ellos y con sus propios QR, donde se detalla información de los mismos.

   En el tercer apartado se hace un repaso por la historia del Santuario, siendo uno de sus hitos más destacados la coronación canónica de Nuestra Señora de Guadalupe, recordando también a los santos, mártires y personajes que han peregrinado hasta su monasterio, así como el reciente hermanamiento con la Guadalupana de México y la inauguración de la capilla de la Virgen de las Villuercas en el Campo de los pastores de Belén.

    En el capítulo IV se ofrece una explicación de la gracia jubilar que nos concede el don de la indulgencia y cómo alcanzarla en al año jubilar guadalupense, explicando los diversos pasos y celebraciones, tales como las bendiciones de inicio y llegada, así como el sacramento de la reconciliación.

      Concluye la Guía con un oracional para confortar espiritualmente al peregrino que desee hacer la Novena en honor de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, pueda o desee rezar el Rosario o unas oraciones marianas o hacer las 14 estaciones del Vía Crucis en la propia Basílica.

Feliz iniciativa de nuestro arzobispo, este instrumento pedagógico, que ayudará sin duda a aumentar la devoción a Santa María de Guadalupe, animando a los que se ponen en camino hacia su Santa Casa a vivir esta experiencia desde una dinámica de fe.

Año Santo Guadalupense 20026

    Si el 6 de enero de 2026 concluye este Año Santo “Peregrinos de la Esperanza”, el 6 de septiembre de 2026, la Puerta Santa del Real Santuario y Basílica de Guadalupe se abrirá de nuevo para todos los peregrinos que quieran ganar las indulgencias plenarias al caer el 6 de septiembre, fiesta litúrgica de la Patrona de Extremadura, en domingo, según se viene celebrando desde 2005 mediante Decreto de concesión de la Penitenciaría Apostólica por mandado de S.S. Juan Pablo II, peregrino de este santuario, cuya visita todavía se recuerda, como uno de los días más grandes que ha vivido este Monasterio de Guadalupe, morada de la Reina de la Hispanidad y Patrimonio de la Humanidad.

V CENTENARIO DE LA PRIMERA VISITA DE CARLOS V A GUADALUPE (1525)

Antonio Ramiro Chico,

Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe.

 

Retrato de Carlos V sentado en una de sus estancias reales. Atribuido a Tiziano. Munich.


El pasado 11 de abril, hace 500 años (1525-2025), Guadalupe recibía al Emperador Carlos V de Alemania y I de España, quien peregrinó hasta este Real Santuario, en plena Semana Santa, para dar gracias a la Virgen de Guadalupe por la victoria de Pavía, en la que franceses y españoles se enfrentaron por el ducado de Milán. Una de las mayores victorias de España, que supuso que nuestra nación impusiera sus dominios sobre parte de Italia.

El primer contacto que Carlos V tuvo con Guadalupe, fue a la muerte de su abuelo, el rey Fernando el Católico (1516), cuando estaba en juego la Corona de España, de ahí que enviara a la Santa Casa a su preceptor Adriano de Utrech, quien ocuparía después la silla de Pedro, como 218 Papa de la Iglesia Católica, con el nombre de Adriano VI.

A partir de este momento, Carlos V establecerá una gran relación con Guadalupe y la Orden Jerónima, tal como se refleja  en la correspondencia que se conserva en el Archivo Histórico de Real Monasterio con más 40 documentos suyos originales, así como su retiro en el Monasterio Jerónimo de Yuste.

Procedente de Madrid, Carlos I se dirigió a Guadalupe por Móstoles, Talavera y Villar del Pedroso. El día 11 de abril su Cesárea Majestad llegó al Hospital del Obispo, donde comió. A continuación, se puso en marcha y después de recorrer los 16 kilómetros que separan el hospital del monasterio llegó a él a la hora de cenar de ese mismo día.

                                        Batalla de Pavía. Tapiz de Bernaert Orley. Siglo XVI

Su estancia de siete días coincidió con la celebración de la Semana Santa de 1525, participando así de los solemnes oficios litúrgicos, organizados por la Comunidad Jerónima de Guadalupe. Durante esta visita, Carlos V concedió al monasterio varias gracias, como la de la explotación de minas de hierro y cobre existentes cerca del “Arca del Agua” en la falda de las Villuercas, donde el monasterio levantó varias herrerías.

Igualmente, trató con la Comunidad sobre el proyecto de un nuevo retablo para el altar mayor, cuya traza mandó elaborar días después al afamado escultor Juan de Borgoña.

El día 18 de abril Su Majestad, después de su estancia en la Hospedería Real de Guadalupe, levantada en honor a sus abuelos, los Reyes Católicos, por la conquista de Granada, partió hacia Toledo por la ruta de Navalvillar de Ibor, Oropesa, Talavera y Torrijos, llegando a la ciudad imperial el 27 de abril.

Los jerónimos, atendiendo a los deseos del César, le concedieron la Carta de Hermandad, que le enviaron a Toledo el 21 de abril, junto con la traza del retablo, aunque éste no se pudo llevar a cabo por los apuros pecuniarios suyos y de su hijo Felipe II. No sería hasta el reinado de Felipe III, cuando se inauguraría el nuevo retablo, en 1618.

El Monasterio de Guadalupe, además, socorrió a su Cesárea Majestad en 1528 tras el revés de Orán con 2.000 ducados y la aplicación de 54 misas cada año por él. En 1555 Carlos V, aquejado de gota y cansado de la vida, decidió retirarse a Yuste, donde el prior del Real Monasterio de Guadalupe le visitaba cada mes, llevándole cierto presente: “porque a su Cesárea Majestad gustaba de los carneros que se cebaban en esta Casa, tuvo el cuidado de enviarle todas las semanas el número competente para que no le faltara este regalo”[1].

          Por la estrecha relación que mantuvo, tanto el Emperador, Carlos V como la Emperatriz, Isabel de Portugal, bien merecería la pena de que en el Monasterio hubiera alguna efigie que recordara, tanto a los peregrinos y visitantes como a la propia historia, la presencia de dichas Majestades, como existe con otros miembros de la Familia Real española.



[1] ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo. Cien personajes en Guadalupe. Madrid, 1995, pp. 65-68.


 

GUADALUPE RECUPERA UNA RÉPLICA DEL FAMOSO ESCORPIÓN DE HERNÁN CORTES

Antonio Ramiro Chico,

Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe

El pasado 4 de mayo de 2025 la Asociación Cultural Frente de Afirmación Hispánica del México (FAH) entregó una joya o relicario de un escorpión a Fray Guillermo Cerrato Chamizo, guardián del Real Monasterio en el Camarín, ante la presencia de Santa María de Guadalupe, como recuerdo de aquella joya-relicario que ofreció el mismo Hernán Cortés en 1528.

 


Dentro del propio edículo del Camarín y bajo el escudo del conquistador de Nueva España, el director de la FAH, don Fredo Arias de la Canal, en un acto cargado de simbolismo e historia, recién llegados desde México, quiso ofrecer a Nuestra Señora de Guadalupe,  en nombre de la Asociación que dirige, una réplica del famoso “alacrán” de Hernán Cortés,  cuya joya desapareció en el siglo XIX, bien con motivo de los episodios sufridos en la Guerra de la Independencia[1], o de los hechos acaecidos tras la aplicación de las leyes desamortizadoras de Mendizábal[2], sufridos en Guadalupe.

En dicho acto estuvieron presentes, además, la Directora del Museo de Arte Virreinal de México, doña Alma Moreno, responsable de la fabricación de la joya; la Catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Cantabria, doña Lourdes Royano; Fray Vidal Rodríguez López, en calidad de Archivero-Bibliotecario del Real Monasterio, así como una decena de miembros de la mencionada Asociación, intelectuales que desde 1967 vienen trabajando por preservar los valores de la Hispanidad.



Esta joya-relicario está realizada en plata de ley por los talleres mexicanos de Emilia Castillo, orfebre de fama internacional. Representa a un escorpión en tamaño mayor, que sin ser réplica fiel del que regalara en 1528 Hernán Cortés, en su interior actúa igualmente como relicario, conteniendo disecado uno de dichos arácnidos. Su posición natural es de ataque y se alza sobre medio óvalo invertido, también realizado en plaza, en cuya circunferencia se han incrustado 43 piedras de jaspe verde que quieren recordar la edad que Cortés tenía cuando recibió la picadura.

Según informaron los responsables de FAH se han hecho otras dos copias en tamaño menor de dicha joya, las cuales han sido depositadas en el Museo de Arte Virreinal de México y en la Casa Cultural “Fredo Arias de la Canal”, en Potes (Cantabria).

La noche triste para Hernán Cortés no fue la de Tenochtitlan sino la del estado de Morelos, ahora municipio de Yautepec, donde recibió la picadura de un alacrán (Centruroides limpidus) en sus campos de morales, cuyo veneno le provocó un fuerte malestar poniendo en riesgo su propia vida, de ahí que se encomendase a la Virgen de Guadalupe, por la que sentía gran devoción, pidiéndola que intercediera por su vida. Gracias a la intervención de curanderos indígenas y a la protección de Nuestra Señora, Cortés cumplió su promesa de visitar su Santuario, cosa que hizo el día 5 de junio de 1528[3], trayéndola un  exvoto en forma de escorpión u otra sabandija, tal como se puede apreciar en el Catálogo de las Joyas de la Virgen, confeccionado en 1778 por el monje jerónimo, Fray Cosme de Barcelona, códice 83 del Archivo del Monasterio de Guadalupe, y que gracias a esta reproducción artística podemos hoy conocer, a pesar de su desaparición,  una de las primeras piezas de orfebrería hecha en los talleres de Nueva España en oro con esmaltes de varios colores y 43 esmeraldas.


 

“El Marqués del Valle de Guaxaca, en las Indias de la Nueva España, Don Hernán Cortés, Capitán General de la Nueva España, vino de las Indias a visitar a esta Santa Casa el año de 1528, y ofreció a Nuestra Señora un rico alacrán de oro, hechos de manos de indios y tiene unas esmeraldas de mucho valor y ofreció otras cosas de plumas hechas, que están en la Sacristía”[4].



[1] GONZÁLEZ PLAZA, F. “Episodios de la Guerra de la Independencia en Guadalupe”, en Revista Guadalupe, 34 (1908), pp.262-265. O

[2] RAMIRO CHICO, Antonio. “El Monasterio de Guadalupe: De Real Santuario a despojo nacional (1808-1835)”, en La desamortización: El expolio del patrimonio artístico y cultural de la Iglesia en España. San Lorenzo del Escorial. 2007, pp. 655-680.

[3] MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Mª del Carmen. “Cartas Privadas de Hernán Cortés al Licenciado Núñez”, en Anales del Museo de América 12 (2004), p. 86.

[4] A.M.G. Códice 90. Libro de Capellanías, lámparas y bienhechores. Año 1664, fol. 51 r.