EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS EN GUADALUPE

Antonio Ramiro Chico, 
 Cronista de la Puebla y Villa de Guadalupe


  INTRODUCCIÓN
Desde el siglo XIII el lugar de Guadalupe quedó bendecido por la gracia de Dios desde el momento que esta dehesa sintió el latido de la presencia de María y de su querido Hijo, cuando halló el corazón de aquel humilde pastor, como tabernáculo preciso donde manifestar al mundo su mensaje salvífico. Desde ese preciso instante millones de corazones han sentido la presencia misericordiosa de Jesús a través de la mirada solicita de su querida Madre. Algunos han tenido la suerte de compartir ese regazo maternal como le ocurrió al propio san Juan de Dios, fundador de los hermanos hospitalarios, quien mostrándole a su Hijo desnudo, le dijo: “Juan, viste a mi Hijo para que aprendas a vestir a los pobres” . Desde entonces el reinado y la misericordia infinita de Jesús brilla en estas sierras de las Villuercas a través de ese rostro moreno de Nuestra Señora de Guadalupe, que desde su primitiva ermita, real santuario o basílica no ha dejado de manifestarse a cada uno de los guadalupenses, peregrinos y visitantes cada vez que han implorado su bendito nombre. 




LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE CRISTO 
Los precedentes de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, hay que buscarlos en los sermones de san Bernardo (s. XII) y e en los escritos de san Buenaventura (1221-1274), pues el corazón humano siempre ha sido un símbolo de amor carnal o místico, al hablar de él siempre se refiere –san Bernardo-al “muy dulce corazón de Jesús”. Del culto de las cinco llagas, y especialmente de la llaga del costado, que se desarrolló hasta finales de la Edad Media, debía naturalmente pasarse al culto del corazón. Bajo la influencia de éste, la herida del costado de Cristo crucificado se trasladó de derecha a izquierda, es decir al sitio del corazón . El inicio de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, como bien afirma Marta Pinilla, comenzó a finales del siglo XVI cuando apareció en la imaginería cristiana el corazón de Jesús atravesado por tres clavos y engastado en una corona de espinas, siendo su mayor valedor el normando Juan Eudes, fundador de los eudistas, Congregación de Jesús y de María, cuyo lema es: “Vive Jesús et María . 
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús tuvo su especial auge en el último cuarto del siglo XVII, cuando la francesa santa Margarita María Alacoque (Verosvres (Borgoña), 1647- 1690,Paray-le-Monial), siendo niña, Jesús quiso mostrarle su Corazón ardiente de amor por la humanidad, por lo que desde ese mismo instante se consagró al divino Corazón: “O Dios mío, os consagro mi pureza y hago voto de perpetua castidad”, aunque una grave enfermedad le hizo buscar el alivio y consuelo en la Virgen Santísima, cuya protección y cuidados pronto sintió: “Nada temas, tú serás mi verdadera hija, y yo seré siempre tu buena Madre”. Pero como toda buena discípula de Jesús santa Margarita María en su tránsito por este valle de lágrimas tuvo que experimentar su propio calvario hasta que entre 1673 y 1688 recibió las promesas hechas por el divino Corazón: 
1ª Yo les daré todas las gracias necesarias a su estado. 2ª Gozaran de paz en sus familias. 3ª Les consolaré en todas su penas. 4ª Seré un refugio seguro durante la vida, y sobre todo, en su muerte. 5ª Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas. 6ª Los pecadores encontrarán en mi Corazón el manantial y el océano infinito de la misericordia. 7ª Las almas tibias se volverán fervorosas. 8ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a una gran perfección. 9ª Bendeciré las casas en que esté expuesta y sea honrada la imagen de mi Sagrado Corazón. 10ª Daré a los sacerdotes el don de mover los corazones más endurecidos. 11ª Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás se borrará de él. 12ª Yo te prometo, en el exceso de amor misericordioso de mi Corazón, que las personas que comulguen nueve primeros viernes de mes, obtendrán el don de la perseverancia y no morirán sin recibir los Santos Sacramentos. 

LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN EN ESPAÑA
En España la devoción al Sagrado Corazón de Jesús también tuvo su propio rostro, en la persona del beato jesuita P. Bernardo de Hoyos (Torrelobatón, 1711), quien jamás había oído hablar del culto del Sagrado Corazón de Jesús hasta los 21 años, cuando tuvo que copiar algunos fragmentos “De cultu Sacratissimi Corolis Iesu”, experimentando sensaciones que jamás antes había sentido, como sentirse amado. No hay que olvidar que los jesuitas fueron los que mayormente patrocinaron dicha devoción . Al día siguiente cuando estaba adorando al Santísimo Sacramento, Jesús mismo le dijo que quería, que el fuese el medio por el cual se extendiese en España esta devoción: “Reinaré en España y con más veneración que en otras muchas partes” . El Padre Bernardo de Hoyos, siguiendo las pautas de su director espiritual, Padre Juan de Loyola, le manifestó al rey Felipe V su deseo de expandir la devoción del Sagrado Corazón, quien impulsó la devoción, al mismo tiempo que solicitó al papa Benedicto XIII, Misa y Oficio propio del Sagrado Corazón de Jesús para todos sus reinos y dominios, propuesta que fue aceptada y aprobada por Benedicto XIII . De esta forma la nueva devoción del Sagrado Corazón de Jesús quedaba consagrada oficialmente en 1685 acordando la Iglesia que a través de este símbolo del corazón abierto, quería salir al encuentro del protestantismo y del jansenismo, en el que el amor de Dios se proyecta hacia todos los hombres, sin excepción.

CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN 
Felizmente, el 30 de mayo de 1919 se cumplía la promesa hecha por el divino Corazón a Santa Margarita María y al P. Bernardo de Hoyos de reinar en España de un modo especial consagrándose nuestra nación al deífico Corazón , llevada a cabo oficialmente por el rey Alfonso XIII en el cerro de los Ángeles, acompañado por miles de personas que llegaron de toda España, erigiendo un gran monumento que fue bendecido por el nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, dando así gracias a Dios por haber librado a nuestra Nación de la Primera Guerra Mundial, no así de los efectos de la mal llamada epidemia gripe española, que tantas vidas se llevó. 

CONSAGRACIÓN DE GUADALUPE 
EL 30 de mayo de 1925, Guadalupe se unía como ya habían hecho otras muchas ciudades y pueblos a celebrar solemnemente la consagración de esta Villa y Puebla de Santa María de Guadalupe al Corazón amoroso de Jesús, honrándole públicamente con numerosos actos, cultos y efigie. Según recoge la crónica de este día (Antolín, 1925), dicha consagración fue revestida con una solemnidad y esplendor inusitada, acuciada por el celo de su párroco fray Lázaro Epelde, que desde varios días antes tenía al pueblo levantado: limpiando casas, arreglando calles, revistiendo portadas, izando arcos con verde follaje, banderas y gallardetes con guirnaldas de flores entrecruzadas, además de artística iluminación eléctrica por las noches, ofreciendo una imagen fantástica del arte y del entusiasmo de Guadalupe. La madrugada del 30 hacia las cuatro, parte del vecindario se unió al Rosario de la Aurora, que recorrió las principales calles entonando preciosas Avemarías, dando así un ejemplo edificante de religiosidad y fervor. A las ocho y media de la mañana se celebró la Misa de Comunión general en la que cantaron los niños de las Escuelas y participaron los miembros de la Venerada Orden Tercera, los del Sagrado Corazón de Jesús, Hijas de María, Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe y Juventud Antoniana, preparándose así para consagrar sus almas al divino Corazón. A las nueve y media dio comienzo la Misa solemne en la que ofició el Rvdo. P. Lázaro Epelde, asistido por el diácono fray Julián Sánchez y por el subdiácono Federico Baltasar. Ocupó la sagrada cátedra el historiador fray Carlos Gracia Villacampa, director de la Congregación del Sagrado Corazón, quien disertó sobre “la divinidad y realeza de Jesucristo, recordando el centenario del gran Osio de Córdoba, quien la proclamó en el concilio de Nicea, el primero de los ecuménicos, contra la herejía arriana. Rememoró la consagración de España al Sagrado Corazón, hecha por nuestro Católico Monarca Alfonso XIII en el Cerro de los Ángeles, y últimamente vino a tratar de la significación y trascendencia de la consagración de Guadalupe al mismo divino Corazón”.
A continuación, la celebración prosiguió con la procesión que se dirigió hasta la fachada del Ayuntamiento, entonces situado en la plaza mayor, donde se colocó la valiosa placa del Sagrado Corazón. Al acto asistieron el Batallón Infantil de las Escuelas del Monasterio, así como los demás alumnos y las niñas de las Escuelas municipales, sus respectivos maestros, miembros de las distintas Congregaciones locales, Comunidad Franciscana presidida por su Rvdo. P. guardián Bernardino Puig, los ministros sagrados y las autoridades civiles. Al llegar la procesión, ante la fachada del ayuntamiento, su alcalde don Manuel Cruz Fernández, descubrió la sagrada Imagen, del Sagrado Corazón, representado en actitud de distribuir sus divinas gracias, que el pueblo emocionado admiró su estática hermosura. Descubierta la imagen, el padre Lázaro la bendijo, dirigiendo después unas sentidas y emotivas palabras al pueblo que llenaba la plaza. Seguidamente se leyó el “Acto de Consagración”, que culminó con el Himno del Sagrado Corazón, interpretado por la Capilla del Real Monasterio, bajo la batuta de su director Fray Feliciano Larrauri, autor del mismo. 
Terminado el acto de consagración, se procedió al reparto de pan para los más necesitados, amenizando dicho acto la Banda del Monasterio, bajo la dirección de fray Juan B. Yuste, que interpretó un escogido repertorio de piezas. Concluye la crónica de la consagración, fray Teófilo Antolín, con la Procesión del Santísimo Sacramento, que se llevó a cabo, a las siete de la tarde, después de la puesta de sol, “cuando en el horizonte no quedan más que unas tenues gasas de púrpura y grana, que van desapareciendo bajo el ceniciento manto de una misteriosa penumbra, cuando la luz eléctrica de los arcos de triunfo comienza a enviar los fantásticos destellos de sus luces de colores entre el verde oscuro del ramaje que lo encubre; aparece por las puertas del templo, majestuosa y solemne la procesión del Santísimo Sacramento”, cuya comitiva desfilo alrededor del monasterio hasta la plaza de los Tres Chorros, en cuyo recorrido se alzaron ocho altares, bien engalanados y adornados con alfombras naturales de tomillo y almarahuje, donde no faltaron bellos motetes al Santísimo y el acompañamiento de la Banda de Música del Monasterio, al mismo tiempo que el pueblo fiel que buscaba la realeza de Dios musitaba esta plegaria: “Corazón Santo,/ Tú reinarás/ Tú nuestro encanto/ siempre serás”. El día 21 de abril de 1928 las Escuelas de Guadalupe también se consagraron con la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en sus aulas, previa comunión en la iglesia, procesión, cantos y recital de poesías de varios niños y niñas gracias a la labor desarrollada por sus maestros fray Eloy Uribe, fray Baldomero Rasero, don Ángel Sánchez y doña Emérita Medina (Guadalupe, 207(1928). 

MONUMENTO 
Esta placa o relieve es obra del eminente escultor y orfebre don Félix Granda Buylla, sacerdote y director de los Talleres Artísticos de Madrid, autor también de la famosa Corona Rica de Nuestra Señora de Guadalupe, de la Montaña de Cáceres o de la Virgen de Covadonga de Asturias, del Trono de la Patrona de Extremadura y Reina de la Hispanidad, del cetro de los Caballeros de Guadalupe, entre otras muchas piezas . Su perfección y su amistad con la Comunidad Franciscana, especialmente a través de la figura de Fray Carlos Gracia Villacampa, le valió a Granda el mejor aval para llevar a cabo en 1928 la obra de la Corona Rica Hispaniarum Regina, con la que fue coronada la Virgen de Guadalupe, como Reina de las Españas, en presencia de S. M. Alfonso XIII y del Gobierno de España. La imagen del Sagrado Corazón de Jesús es un relieve en bronce sobre fondo de fino jaspe, con una repisa que sostienen dos ángeles. Todo está encuadrado por un marco de mármol blanco con molduras y en su parte interior, rodeando a la sagrada Imagen, aparece el cordón seráfico, como símbolo de fraternidad y reconocimiento a la Comunidad Franciscana. Cristo aparece con sus manos caídas y abiertas en actitud de entrega con manto y túnica mostrando sobre su pecho izquierdo su corazón misericordioso, mientras su rostro sereno como fiel Cordero aparece aureado por una bellísima corona de fina filigrana, fiel reflejo del arte de Granda. Las dimensiones de la placa o relieve son: 80 centímetros de alto por 60 de ancho, cuyo coste supuso para las arcas del Ayuntamiento la estimable cantidad de 1.150 pesetas. La inauguración de la nueva Casa consistorial llevada a cabo en 1956 posibilitó el traslado del relieve del Sagrado Corazón que quedó instalado en una de las dos torres que franquean el edificio, la del lado izquierdo, de esta forma la imagen del Sagrado Corazón de Jesús Rey del Universo bendice no sólo a la Puebla y Villa de Guadalupe sino también a su Real Monasterio. 

IMÁGENES 
 La llegada de la Comunidad Franciscana (1908) posibilitó la creación de nuevas asociaciones y hermandades como fue la Asociación del Apostolado Sagrado Corazón de Jesús que contó con su propia imagen, novena y festividad, por tal motivo el monasterio conserva varias imágenes: 

Sagrado Corazón del Coristado.

“Esbelta figura, labrada en jaspe veteado de blanco y marrón en la que resaltan su cabeza y manos en mármol blanco. El rostro de Cristo expresa una sublime unción en su mirada hacia el cielo y expresión de amor, luce larga cabellera y barba tupida. Sus manos señalan su corazón, fuente de gracia y de vida y sus pies descalzos son símbolo en el anuncio del nuevo reino” (García, 2000). Dicha escultura presidió durante muchos años una de las salas del antiguo Coristado, como verdadero Maestro de los estudiantes profesos, aspirantes al sacerdocio. Pertenece al periodo neoclásico, de finales del siglo XIX y mide 0’44 m. de alto. 












Sagrado Corazón de Jesús del Apostolado

Imagen de pasta de madera, de principio del siglo XX, seguramente fue adquirida por la cofradía de la Asociación del Apostolado Sagrado Corazón de Jesús (Guadalupe, 265-269 (1934), pues aparece ya en uno de los altares que se levantaron el 30 de mayo de 1925 con motivo de la Consagración de Guadalupe al Corazón de Jesús La imagen de Cristo aparece sobre una peana, vestida con larga túnica blanca que solo deja ver el pie izquierdo descalzo algo adelantado y su manos abiertas en actitud de total entrega, sobre su pecho, esculpido en bajo relieve, aparece su corazón en el centro con corona de espina pintada sobre él. Su rostro en posición frontal mantiene su mirada baja con larga cabellera y barba tupida. Mide la imagen con la peana, 1,05 metros. Actualmente está en San Juanito, aunque el día 19 de junio presidió un altar levantado en el transepto o crucero de la basílica, con motivo de su propia festividad. 




Sagrado Corazón de Jesús de Portugal

El Inventario del Patrimonio Artístico del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe en su volumen II de escultura, número 40 registra una preciosa talla en madera que representa al Sagrado Corazón de Jesús, de autor desconocido, perteneciente a la Escuela portuguesa y que según el P. Sebastián García, autor de dicho Inventario, fecha dicha pieza en 1919 . La imagen de bulto presenta la iconografía propia del Sagrado Corazón, ricamente vestido con hermosa túnica de color blanco y voluminoso manto de color rojo bermellón, que descubre las manos abiertas de Jesús mostrando sus llagas y su propio corazón en el centro de su pecho, rodeado por corona de espina. Como Rey del Universo se sustenta sobre peana de nubes y globo terráqueo, con rostro sereno, barba tupida y larga cabellera, tocado con corona de espinas y tres potencias. Actualmente está bajo el coro basilical, en la nave de Santiago Apóstol. Mide la talla 1,60 metros de alto. 





Sagrado Corazón de Jesús capilla domiciliaria


Una de las prácticas de catequización y evangelización puesta en marcha por la Comunidad Franciscana nada más llegar a Guadalupe en los primeros años del siglo XX, fue la visita de las capillas domiciliarias que recorrían toda la Puebla, como la de la Virgen de Guadalupe, la Sagrada Familia, San Antonio o la del Sagrado Corazón de Jesús, que todavía visitan nuestros domicilios, en esas capillitas neogóticas que cada mes reciben nuestra oración y nuestra limosna. Decir que también ellos han sufrido el confinamiento de la COVID-19, reanudándose hace varios meses su visita, lo cual ha llenado de alegría a muchos hogares cristianos de Guadalupe. Ahora de nuevo con motivo de esta tercera ola han vuelto otra vez a su confinamiento voluntario. Esta imagen del Sagrado Corazón mide 34 centímetros, realizada en escayola presenta a Jesús vestido con túnica blanca y manto rojo con cenefa dorada, cabellera larga y barba tupida, lleno de paz y mirada penetrante. Su mano izquierda señala su Sagrado Corazón que muestra en el centro del pecho, mientras que con la mano derecha la presenta en forma de bendición. Se alza sobre peana y sobre el globo terráqueo como Rey del Universo, coronado con varias potencias. 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS: 
Este artículo quiere ser un homenaje para todos los que han sufrido las consecuencias de la COVID-19, especialmente aquellos corazones que han entregado su vida en esta pandemia en soledad, sin tener a sus familiares a su lado, aunque seguramente que todos ellos han sentido cerca la gracia, la paz y el refugio seguro del Sagrado Corazón de Jesús. También quiero dedicar este estudio a nuestra paisana María González Masa por su vida de entrega a la figura de Jesús, cuyo Belén ha sido visitado en estos últimos años por varios miles de personas y desde el día 15 de marzo de 2020 su exposición y sus explicaciones se apagaron con su marcha a la casa del Señor. 
RAMIRO CHICO, Antonio, “Guadalupe, meta obligada de Santos”, en El culto a los santos: cofradías, devoción, fiestas y arte. Madrid, 2008, pp.235-236. Martapinilla.blogsot.com/2010/06/la-iconografía-cristiana-interesa-no.html ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan-Eudes 
ORTEGA MENTXAKA, Eneko. “Culto e iconografía de los corazones de Jesús y María en el ámbito jesuítico vasco-navarro”, en Revista Ars biduma, 7 (2017), p.89. 
HERRADÓN FIGUEROA, María Antonia. “Reinaré en España: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús”. Revista de diactelogía y tradiciones populares. 64 (2): 193-218. 
BURRIEZA SÁNCHEZ, Javier. “Beato Bernardo Francisco de Hoyos”. Real Academia de la Historia. Consultado el 17 de junio de 2020. La primera consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús fue realizada el 29 de Junio durante el XXII Congreso Eucarístico de España, en el Salón del Trono del Palacio Real.
ARÉVALO SÁNCHEZ, Antonio, Guadalupe, siglo XX [El primer siglo franciscano]. Sevilla, 2004, pp.128-129. A pesar de esta fecha no hemos encontrado referencia alguna a dicha cronología en las crónicas del Monasterio, ni tan poco algún dato que colabore dicha afirmación en la Revista de Guadalupe. Sabemos que dicha escultura fue traída de Portugal.

GUADALUPE, CUNA DE LA HISPANIDAD

 

                                                        Antonio Ramiro Chico,

Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe

Si por cuna entendemos origen o principio de un hecho o acontecimiento, ciertamente que la Hispanidad como encuentro de dos mundos se gestó en la Puebla y Villa de Guadalupe, bajo la atenta mirada y protección de Nuestra Señora de Guadalupe, como la verdadera Estrella de la Evangelización, como así lo reconoció san Juan Pablo II, el 4 de noviembre de 1982, cuando quiso peregrinar hasta este Santuario Nacional.


Procesión Caballeros de Guadalupe. Fiesta de la Hispanidad. 12 de octubre, 2019

Dentro de este concepto tiene la Hispanidad una especial connotación en lo mariano: con aplicaciones concretas a advocaciones de Nuestra Señora, íntimamente relacionadas con los hechos más trascendentes de la presencia de España en América, desde su comienzo hasta nuestros días. Ningún título de María está tan íntimamente unido a los hechos que integran la Hispanidad, que el de Nuestra Señora de Guadalupe y por su indiscutible presencia hispánica, que se fundamenta en derechos históricos que sin desestimar en nada la protección de otras tierras son altamente significativas en España y en el Mundo Hispanoamericano[1].

Nos permitimos señalar los principales hechos que forjaron esta Cuna de la Hispanidad:

  • Su condición de lugar colombino que actualmente tiene Guadalupe (Cáceres), por las visitas que durante los años 1486-1496, realizó antes y después del descubrimiento, Cristóbal Colón a Nuestra Señora de las Villuercas.
  • La firma en Guadalupe, por los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, a 20 de junio de 1492, de Dos Sobrecartas dirigidas a Juan de Peñalosa, contino de la Casa Real, natural de Villanueva de la Serena y capitán de gente de guerra. La primera para Moguer y otras poblaciones y la segunda para los habitantes de Palos, urgiendo en ambas el cumplimiento de las reales provisiones, de 30 de abril de 1492, es decir, el pronto descubrimiento de nuevas tierras.
  • El voto hecho en alta mar, el 14 de febrero de 1493, al regreso del primer viaje, como se dice en el Diario de a bordo, de la primera navegación descubridora, en cuyo cumplimiento vino Colón a Guadalupe, como romero para dar gracias a Nuestra Señora, después de entrevistarse en Barcelona con los Reyes Católicos.
  • La imposición del nombre Guadalupe a la isla Turuqueira, en las Antillas Menores del Caribe, el 4 de noviembre de 1493, en el segundo viaje, como atestigua el mismo Colón, en una carta escrita en la Española, en enero de 1494, dirigida a los Reyes Católicos.
  • El bautizo en el templo de Guadalupe de los indios Cristóbal y Pedro, criados de Cristóbal Colón, el 29 de julio de 1496, que señala este sitio, con documentación oficial, con el primer lugar de cristianización de indios, como ofrenda espiritual a Nuestra Señora de Guadalupe y por tal motivo recibe el sobre nombre de “Pila Bautismal de América”.
  • Las íntimas relaciones que durante el tiempo de la incorporación de América a la Corona de España tuvieron en Guadalupe los más insignes conquistadores y muchos colonizadores, pobladores y otros personajes indianos.
  • La importancia que Guadalupe tuvo en América como signo de evangelización por medio de misioneros, hermandades y prácticas devocionales.
  • Las leyes indianas, cuyo máximo legislador fue el guadalupense Gregorio López, alcalde de la Puebla, jurista y abogado de la Real Chancillería de Granada, oidor regio de la de Valladolid, fiscal del Consejo de Indias (1543-1556), donde destacó como visitador de la Casa de Contratación de Sevilla, elaborando las ordenanzas de la misma y en la fundación de la Real Audiencia de Lima, por todo ello es considerado como el verdadero padre del derecho indiano.
  • Los santuarios, ermitas y altares alzados en toda América a Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura, como medio de devoción y expresión de la fama que tenía en todas partes, que todavía pervive en el pueblo
  • La abundante toponimia guadalupense en el Nuevo Mundo, prueba la devoción sentida hacia el santuario extremeño.
  • Su condición y devoción marinera ha estado siempre muy unida a esta advocación de Guadalupe, a la que los hombres de la mar y navegantes la han sentido como su verdadera Patrona y Estrella, a quien obedece el mar y respetan los vientos, como así lo proclaman los nueve códices de milagros que se conservan en su archivo histórico.
  • Los testimonios de estrechas relaciones, devocionales e históricas, del Guadalupe extremeño con el Nuevo Mundo (favores, ofrendas, mandas y otras manifestaciones) recogidas en códices y legajos, en crónicas de Indias, en historias antiguas del monasterio y en otros documentos.
  • Su aparición en la Rada de Puntallana (La Gomera), desde donde alumbró como faro de gracia la gesta descubridora en ese ineludible tránsito entre el viejo Mundo y el nuevo, significándose así las islas afortunadas como el verdadero puente o puerta entre las Españas[2].
  • El hecho guadalupano del Tepeyac, en México, relacionado, al menos en lo que se refiere al nombre Guadalupe, con el santuario extremeño[3].

Reina de la Hispanidad. Retablo cerámico, talleres Ruiz de Luna. Museo de la Hispanidad.

En este aspecto, que tanto afecta a Extremadura y en concreto a Nuestra Señora de Guadalupe, nos complacemos en señalar los nombres más destacados de insignes extremeños que, bajo el signo de su fervor guadalupense, llevaron al Nuevo Mundo, la devoción sincera a Nuestra Señora de Guadalupe: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Núñez de Balboa, Pedro Alvarado, Hernando de Soto, Sebastián de Belálcazar y Pedro de Valdivia, entre otros. Junto a estos hombres de acción, otros muchos extremeños, partieron al Nuevo Mundo para evangelizar las nuevas tierras descubiertas, como los Doce Apóstoles de México, que desde el convento de San Francisco de Belvís de Monroy marcharon a Nueva España, o el humilde porquero de Ribera del Fresno, san Juan Macías, que cambio su tierra por dar de comer a los pobres allende de los mares. Especial mención merece también fray Diego de Ocaña, monje de Guadalupe, que recorrió la América andina dejando varias pinturas, obras suyas de Nuestra Señora de Guadalupe, entre las que descuella el cuadro de la catedral de Sucre, enriquecido con infinidad de alhajas y perlas[4].

Son incontables los evangelizadores del Nuevo Mundo vinculados con Guadalupe, que recoge el manuscrito de las Capellanías, Lámparas y Bienhechores, códice 90 del archivo del Monasterio, junto a otros personajes importantes que peregrinaron hasta este Real Santuario para enaltecer a Nuestra Señora de Guadalupe.

Con razón se puede afirmar que la incorporación que recibió América entre 1493 y 1550 fue, en gran parte, obra extremeña y más en concreto guadalupense, pues bajo el nombre de Guadalupe, surgían en las ciudades, templos y altares en honor de la Virgen extremeña.

Fue María, en su advocación universal de Guadalupe, la de Extremadura, la que alentó el descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo, dejando por todo el nuevo continente, especialmente en la América andina, recuerdos en Santuarios, lugares, estatuas y cuadros de su Imagen prodigiosa de Extremadura.

Cristóbal Colón imponiendo el nombre de Guadalupe a la isla Turuqueira
Pintura de Juan Manuel Núñez, Museo de la Hispanidad.

Todas estas relaciones históricas han contribuido a la configuración del título de Reina de las Españas, otorgado a Nuestra Señora de Guadalupe, de Extremadura por el rey y por el cardenal arzobispo de Toledo, Primado de España, en el acto solemne de la Coronación Pontificia y Real de la Imagen, celebrada el 12 de octubre de 1928.

El título de Hispaniarum Regina esculpido en la corona, labrada por Félix Granda con autorización del rey y del primado, no expresa un plural mayestático, cuya traducción sería Reina de España, de por sí bastante importante y significativo, sino Reina de las Españas y de las otras naciones, especialmente del Nuevo Mundo, que habiendo pertenecido a la Corona española, siguen unidos por vínculos de sangre, de religión, costumbres y otros signo de identidad hispánicas.

Desde 1934, sustituido en España y otras naciones hispanoamericanas el título de La Raza, que desde 1910 se daba y todavía se sigue dando en algunos lugares-, al 12 de octubre, como día de la Hispanidad, en lo mariano también se cambió la antigua denominación de Reina de la Raza por la de Reina de la Hispanidad, más conforme y expresiva con el espíritu que la informa.

En los siglos XX y XXI, a través de un largo camino de reivindicaciones, publicaciones frecuentes, jornadas, asambleas, congresos, certámenes y concursos y, sobre todo por los medios de comunicación: radio, prensa y televisión ha dejado bien patente, la afirmación de los derechos históricos que tiene la advocación extremeña de Santa María de Guadalupe, para ser llamada e invocada como Reina de la Hispanidad, que no es otra cosa que una legítima proclamación de su primacía entre las advocaciones marianas con el Nuevo Mundo, igual que su Puebla y Villa de Guadalupe es reconocida como la Cuna de la Hispanidad.

Fiesta de la Hispanidad

El concepto de Hispanidad, como encuentro entre dos mundos, aunque es un término del Español clásico, fue propuesto  a finales de los años 20 del siglo pasado por Monseñor Zacarías de Vicarra, sacerdote español, residente en buenos Aires cuando se dirigió al periodista Ramiro de Maeztu, entonces embajador de España en Buenos Aires, por considerar el Día de la Raza, 12 de octubre, poco feliz e impropio. Por este motivo, el propio Ramiro de Maeztu escribiría el 12 de octubre de 1931 que el Día de la Raza, mal titulado, deberá ser nombrado en lo sucesivo el Día de la Hispanidad.

La primera celebración del Día de la Hispanidad se produjo el 12 de octubre de 1935 en la capital de España, aunque dicha fiesta no fue regulada legalmente hasta el 9 de enero de 1958, en plena dictadura del general Francisco Franco, bajo el decreto de la Presidencia de Gobierno, estableciendo que “dada la enorme trascendencia que el 12 de octubre significa para España y todos los pueblos de América Hispana, el 12 de octubre será Fiesta Nacional, bajo el nombre de la Hispanidad.

Aunque la Fiesta de la Raza fue la primera denominación de la Fiesta del día 12 de octubre, conmemoración del descubrimiento de América, por el exministro español Faustino Rodríguez-San Pedro, quien en 1913 como presidente de la Unión Ibero-Americana pretendía que España e Iberoamérica celebraran dicha efeméride como homenaje a la figura del descubridor Cristóbal Colón, al mismo tiempo sirviera para exteriorizar la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora con los nuevos Estados Iberoamericanos.

Dicha Fiesta se celebró por primera vez en 1914 y desde 1917 el Ayuntamiento de Madrid asumió la celebración de la Fiesta de la Raza, que por la ley de Alfonso XIII de 15 de junio de 1918 se transformó en Fiesta Nacional.


Cristóbal Colón, duque de Veragua portando la Bandera de España. Fiesta de la Hispanidad, 2011.

El 12 de octubre de 1928, supuso para Guadalupe y Extremadura entera, el mayor reconocimiento de su dimensión hispanoamericana o encuentro entre los pueblos hermanos del Nuevo Mundo, al ser coronada Santa María de Guadalupe, Reina de las Españas, por S.M. Alfonso XIII y por el cardenal, Pedro Segura y Saenz, arzobispo de Toledo, primado de España, legado de Su Santidad Pío XI, sin lugar a dudas el acontecimiento más grandioso que ha vivido la Puebla y Villa de Guadalupe, después de la aparición de la Virgen en estas sierras de las Villuercas[5].

El 1 de octubre de 1987, la Fiesta de la Hispanidad, se declaró según la Ley de 18/1987, de 7 de octubre, Fiesta Nacional de España, a todos los efectos, el día 12 de octubre, tal como explica la propia ley porque “simboliza la efeméride histórica en la que España inicia un periodo de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”.

Nadie que esté versado en la historia de las relaciones España-América ignora que a Nuestra Señora de Guadalupe, le corresponde por derecho propio, genuino e intransferible el título de Reina de la Hispanidad. De antiguo le viene esta realidad a la Patrona de Extremadura por la influencia que su advocación tuvo en sus relaciones con América y con los hechos fundamentales que integran el concepto de Hispanidad: descubrimiento, conquista, culturalización y evangelización del Nuevo Mundo[6].

La Fiesta de la Hispanidad, se celebra en Guadalupe desde el 12 de octubre de 1928, momento que fue coronada la Virgen de Guadalupe, como Hispaniarum Regina.  Creada la Guardia de Honor de Nuestra Señora de Guadalupe, el 12 de marzo de 1929, organizó una serie de actos culturales y religiosos que conmemoraran, cada año, este gran acontecimiento universal, aunque en un principio se denominó  Fiesta de la Raza, ya que el concepto Hispanidad fue acuñado posteriormente[7]. Desde ese momento, los Caballeros de Santa María de Guadalupe han ido dando identidad a este concepto de hispanidad que une a millones de hombres y mujeres bajo una misma cultura, lengua y fe, cuyo mayor símbolo de unidad es, Santa María de Guadalupe, tal como ha reconocido la propia UNESCO, al conceder a su Santuario y Monasterio, el título de Patrimonio de la Humanidad[8].

La Fiesta de la Hispanidad, tiene ante todo un valor cultural, que radica principalmente en el peso histórico que toda Extremadura tuvo, desde el momento que Cristóbal Colón vino a Guadalupe a presentar a los Reyes Católicos su plan descubridor en 1486,  aquí en este Santuario Nacional se firmaron las dos sobrecartas reales urgiendo a los marinos de Palos y Moguer entregaran las naves descubridoras al almirante, aquí en 1496 se bautizaron los indios Cristóbal y Pedro y posteriormente conquistadores y evangelizadores extremeños llevaron nuestra cultura y nuestra fe al Nuevo Mundo[9].

La Fiesta de la Hispanidad desde el primer instante de su celebración ha tenido la capacidad de atraer a multitud de visitantes, desde Alfonso XIII, Juan Carlos I y Sofía, los ex –presidentes iberoamericanos, entre otras autoridades nacionales y regionales, pero sobretodo miles de personas que, cada 12 de octubre se reúnen en Guadalupe, para celebrar la universalidad de este vocablo, pueblo y advocación mariana.

La Fiesta de la Hispanidad fue declarada de  Interés Turístico de Extremadura, tal como recoge el Decreto 152/1997, de 22 de diciembre, de la Consejería de Medio Ambiente, Urbanismo y Turismo de la Junta de Extremadura por entender  que supone un acontecimiento de gran atractivo turístico, susceptible y merecedor de ser calificado como de Interés Turístico de Extremadura[10].

Hay cuna si hay madre, como manifestó hace unos días en la presentación del Año Santo Guadalupense el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga y esa Madre tiene un sólo nombre que acunan todos los hispanos, que no es otro que  el de GUADALUPE.

Santa María de Guadalupe, Hispaniarum Regina. Esmalte. Trono de la Virgen, 1953.

Por tal motivo, la Puebla y Villa de Guadalupe, ha sido y está considerada como la Cuna de la Hispanidad por estar fundamentada en los hechos que integran el concepto de Hispanidad: Descubrimiento, conquista, culturización y evangelización del Nuevo Mundo.



[1] GARCÍA, Sebastián, Guadalupe de Extremadura en América. Madrid, 1990

[2] ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo, La Virgen de Guadalupe en el Mundo. Culto e imágenes antiguas. Madrid, 2000.

[3] RAMIRO CHICO, Antonio, Museo de la Hispanidad. Sevilla, 2014.

[4] OCAÑA, Fray Diego, ÁLVAREZ, Fray Arturo, Un viaje fascinante por la América Hispana. Madrid, 1969.

[5] RAMIRO CHICO, Antonio, “Nuestra Señora de Guadalupe, de Patrona de Extremadura a Reina de las Españas”, en Advocaciones Marianas de Gloria. San Lorenzo de El Escorial. 2012, pp.495-516.

[6] GARCÍA, Sebastián, Real Monasterio de Guadalupe. Arganda del Rey. 2003, pp.25

[7] CORREA GAMERO, Feliciano, “La dimensión hispánica de Guadalupe y de toda Extremadura”, en Caballeros de Guadalupe, XVII (2006), pp.5-20.

[8] UNESCO., “Evaluación de Guadalupe como Patrimonio de la Humanidad”, en Guadalupe, 726-727 (1994), pp.17-21.

[9] ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo, La Virgen de Guadalupe en el Mundo. Culto e imágenes antiguas. Madrid, 2000.

[10] D.O.E. Núm.32: Orden de 6 de marzo de 2007 por la que se declara Fiesta de Interés Turístico de Extremadura la fiesta de “La Hispanidad” en la localidad de Guadalupe, en Guadalupe, 805 (2007), interior de contraportada.


Guadalupe, toledana, extremeña y universal


Antonio Ramiro Chico,
Cronista de la Puebla y Villa de Guadalupe

            “No temas que soy la Madre de Dios, salvador del linaje humano…Y cuando la sacaren diles [a los clérigos] que no la muden ni lleven de este lugar donde ahora estás… Ca tiempo vendrá en que este lugar se haga una iglesia y casa muy notable y pueblo asaz grande”.

         Éste es el mensaje o profecía que Nuestra Señora Santa María de Guadalupe le comunicó al pastor Gil Cordero cuando se le apareció junto al río Guadalupe y que durante ocho siglos ha permanecido inalterable para todos aquellos que han creído sin ver.

         Dogma de fe para los cristianos y guadalupenses, como así han sido reconocidas sus apariciones por la santa Madre Iglesia desde el siglo XIV, cuya iglesia parroquial, santuario nacional desde 1340, se levantó en tierras de Talavera, bajo la tutela de la Archidiócesis Primada de Toledo, en la que permanece su parroquia a pesar de todos los acontecimientos que ha vivido dicho santuario en estos ocho siglos de historia.
Hallazgo de Santa María de Guadalupe, junto al río Guadalupe. Pedro José de Uceda. Siglo XVIII

         Según su propia leyenda, los primeros que tratan de hacerse cargo de dicha imagen de Guadalupe, son los propios clérigos de Cáceres, que al descubrir la talla románica allí escondida, sintieron la atracción filial de la presencia de María, por lo que el pastor tuvo que manifestarles lo que la Virgen le había encomendado, cuando llega a su casa en Cáceres y ve a su esposa en un mar de lágrimas por la muerte de su querido hijo, le abrazó y lleno de la paz interior, le dijo que la Señora se lo daría vivo y sano como así fue. La respuesta del hijo al despertad de aquel sueño profundo fue generosa y de total servicio: “Señor padre, aderezad y vamos para Santa María de Guadalupe”.
         De esta forma se inicia la peregrinación a Guadalupe y allí donde encontraron su imagen bendita, siguiendo los deseos de la Madre de Dios, levantaron una pequeña iglesia, que al estar en tierras de Talavera, ésta quedó sujeta al curato de Alía, por estar dentro de la Archidiócesis de Toledo, cuyo primer custodio fue Pedro García, escolástico de Toledo. Esto no fue imposición de nadie sino deseo de la Madre de Dios.
         Por tanto, no es cuestión de privilegios y patronazgo, sino cuestión de fe y no es que Gil Cordero dudara de la verdad revelada. ¡Dichosos los que creen sin haber visto! Guadalupe es verdad revelada y para encontrarla hay que caminar hasta aquí donde ella quiso establecer su santa casa en las Villuercas, hoy corazón de Extremadura, como dijo en 1928 nuestro paisano, Antonio Reyes Huertas, para proyectar su protección y gracias a través de esa Iglesia Primada de Toledo, a todo el mundo como Patrona de Extremadura y Reina de las Españas, tal como reconoció san Juan Pablo II, el 4 de noviembre de 1982, cuando peregrino se confesó en voz alta y dijo: “Antes de ir a Guadalupe de Méjico [donde realizó su primer viaje apostólico] se debería llegar aquí”.
         La fe en este caso ha sido corroborada por la historia. El primer documento histórico que hace mención a esta realidad geográfica y eclesiástica de Guadalupe es de 1326, firmado y sellado nada menos que  por 19 prelados (2 patriarcas, 2 arzobispos y 15 obispos). Se trata de un testimonio episcopal de concesión de indulgencia para animar a los fieles a visitar “ecclesia beate et gloriose Semper Virginis Marie de Guadalupe”, dado en la sede de Avignon y que tiene que ver con el rey Alfonso XI y el scolasticus de Toledo, Pedro Gómez Barroso, quien en 1327 fue nombrado cardenal de España, y en 1340 se hará cargo de la rectoría del santuario, que ya goza de fama universal, como lugar de peregrinación y por sus constantes milagros y favores que obra la Madre de Dios en este lugar.
         El propio Alfonso XI confió a Nuestra Señora de Guadalupe la batalla del Salado y conseguida la victoria, el propio rey firma desde Cadalso, el 25 de diciembre de 1340, dos nuevas gracias para el santuario: El Priorato secular, que pide sea instituido canónicamente y el Patronato real para el que solicita el reconocimiento de la autoridad diocesana, que se produce cuando don Gil de Albornoz, arzobispo de Toledo, reconoció en carta fechada el 6 de enero de 1341, dicho priorato secular del santuario y el patronato a favor de Alfonso XI y de sus sucesores, e instituyó a don Pedro Gómez Barroso como primer prior secular.
         Lo mismo ocurriría con los otros tres priores seculares: Toribio Fernández de Mena (1348-1367)sacerdote toledano y artífice de la fortaleza de Guadalupe; Diego Fernández (1367-1383), deán de Toledo; Juan Serrano (1383-1389), capellán real de Toledo, canciller del rey y obispo de Segovia. Durante este tiempo creció como río caudaloso la devoción a Nuestra Señora en el Reino de Castilla, por lo que en 1383 el arzobispo de Toledo, don Pedro Tenorio mandó construir el Puente del Arzobispo sobre el Tajo “a reverencia y honor de Santa María de Guadalupe”.
Coronación canónica de Santa María de Guadalupe, por el Rey Alfonso XIII y el Cardenal Segura.12.10.1928


         Con la llegada de la Orden de San Jerónimo y la institución del Priorato regular (1389-1835) Juan I de Castilla entregaba al monasterio en la persona de Fray Fernando Yáñez y de sus sucesores cuanto pertenecía al santuario y le habían entregado los reyes sus predecesores, junto con los términos y el señorío de mero y mixto imperio sobre la Puebla de Guadalupe.
         De la misma forma don Pedro Tenorio, a la sazón arzobispo de Toledo, en cuya jurisdicción estaba establecido el santuario y parroquia otorgó su pleno consentimiento en carta firmada en Alcalá de Henares, el 1 de septiembre de 1389, confiriendo a don Juan Serrano, último prior secular poder para entregar el santuario con su parroquia y bienes a la Orden Jerónima, hecho que se produjo el 23 de octubre, alzándose así en Monasterio durante 446 años.
         De esta forma se llevaba a cabo la reforma eclesiástica promovida por Juan I y su hábil consejero Pedro Tenorio, sin renunciar en ningún momento a sus derechos como ordinario de lugar de la Parroquia-Santuario de Santa María de Guadalupe y al mismo tiempo sin contravenir el mensaje guadalupense. Periodo de mayor esplendor del monasterio.
         Con la llegada del llamado Trienio Liberal (1820-1823) se abordó de nuevo la reforma agraria liberal, que suponía la abolición de los señoríos, desvinculación y desamortización, y aunque Guadalupe se resistió, en 1822 durante la segunda exclaustración, los monjes partieron hacia el Escorial y entonces, la parroquia y el santuario pasó de nuevo a manos del Arzobispo de Toledo, en la persona de Agustín Castellón, cura ecónomo, el 3 de noviembre de 1822. Ello supuso el declive del monasterio. Los daños fueron irreparables, tanto en el orden artístico, social y religioso.
         Con la restauración absolutista de Fernando VII, la comunidad jerónima de Guadalupe regresó a su monasterio (1823) y se hizo cargo de nuevo del Monasterio y de su parroquia-santuario, aunque ya la vida monacal estaba herida de muerte, cuya puntilla final llegó el 18 de septiembre de 1835, cuando la Intendencia de Badajoz, que formaba parte de la Capitanía General de Extremadura incautó todos los bienes del santuario-monasterio y expulsó a los monjes de su mansión, quedando únicamente al cargo Fray Cenón de Garbayuela, último prior regular jerónimo, como cura párroco, hasta que el Arzobispo de Toledo nombrara a sus sustitutos. Esto ocurría solamente dos años después de que la Puebla y Villa de Guadalupe se incorporara administrativamente a la provincia de Cáceres (1833).
         Durante este periodo de la exclaustración (1835-1908) 11 sacerdotes diocesanos de Toledo rigieron la parroquia-santuario hasta el 7 de noviembre de 1908, que marca el comienzo de la presencia de la Orden Franciscana en Guadalupe. Fue durante este periodo, el 20 de marzo de 1907, cuando san Pío X a través del rescripto “Beatissimam Virginem Dei Genitricem Mariem”, declara a Nuestra Señora Santa María de Guadalupe Patrona principal de toda Extremadura, atendiendo así la Santa Sede a la petición llevada a cabo por los obispos de Toledo, Coria, Badajoz, Plasencia, Ávila, Córdoba y Ciudad Rodrigo y el clamor de sus fieles.
         Como había ocurrido con los Jerónimos, la llegada de los nuevos custodios, la Orden Franciscana, se llevó a cabo con la anuencia del rey Alfonso XIII, en representación del Gobierno de España, que firmó la Real Orden de 20 de mayo de 1908; la autoridad papal de Pío X, con el rescripto de la Santa Sede, de 1 de agosto; la aceptación del Ministro General de la Orden Franciscana, de 8 de agosto y la aquiescencia del Cardenal Arzobispo de Toledo, de 3 de noviembre. Actores todos ellos de la realidad de este Real Santuario-Parroquia  Regular de Santa María de Guadalupe, que ante cualquier estatus de cambio deberían al menos ser consultados todos estos actores igual que su propia feligresía, cosa que hasta ahora no ha sucedido.
Juan Pablo II peregrino en Guadalupe. 4.11.1982

         Su condición extremeña, también le viene innata desde el momento de su aparición, por ser ambas realidades producto de la reconquista y desde el instante que Alfonso XI señala términos territoriales (1337) de Talavera y Trujillo, aunque no sería hasta el 30 de noviembre de 1833, cuando Jaime de Burgos lleva a cabo una nueva división provincial y regional de España, que ya había estado vigente, en parte, en el Trienio Liberal de 1822. Desde este momento la Puebla y Villa de Guadalupe pasará a formar parte de la provincia de Cáceres y de la región de Extremadura, no así su parroquia-santuario, que seguirá eclesiásticamente perteneciendo a la Archidiócesis Primada de Toledo, cumpliendo así con el mandato recibido desde su aparición en estas sierras de Guadalupe.
         Este hecho posibilitará a los extremeños poderla elegir como principal Patrona de la Región de Extremadura (1907), lo que no supone ningún derecho sobre la imagen titular, sino que la reconocen como su verdadera protectora, como así lo recoge el rescripto pontificio Beatissimam Virginem, de 20 de marzo de 1907, concediéndola oficio y misa propios, que celebró el clero secular guadalupense con la dicha fiesta litúrgica, por primera vez en la tradicional novena de septiembre de 1907, de acuerdo con la Junta regional -creada por el cardenal Sancha y Hervás y presidida por Peris Mencheta, obispo de Coria-, elaborando un amplio programa con solemnes cultos en el que se incluyeron peregrinaciones diocesanas, predicadores diocesanos, así como otros actos folclóricos y literarios, que sin lugar a dudas enriqueció a este Santuario Nacional. Práctica que la Comunidad Franciscana, que es quien custodia el Monasterio y la Parroquia-Santuario de Santa María de Guadalupe ha venido haciendo a partir de don Marcelo González Martín (1978), al igual que con los obispos extremeños, que desde la creación de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994), preside todos los años su arzobispo la celebración litúrgica del Patronato sobre toda la región extremeña, el 6 de septiembre y de igual forma ha hecho con las autoridades civiles regionales. Ello ha contribuido a potenciar la Fiesta Popular de Nuestra Señora, así como su tradicional novena, haciendo de este Santuario casa común de extremeños, toledanos, ciudad-realeños y andaluces. Sumemos, no empobrezcamos dicha realidad, la Iglesia y el amor de Cristo es universal.
         A partir del 26 de febrero de 1983 Extremadura se convirtió en Comunidad Autónoma, según su propia ley orgánica de 1/83 de 25 de febrero del Estatuto de Autonomía. Este acontecimiento posibilitó a la región la elección del Día de Extremadura en 1985, que por designación de la mayoría de la Cámara, fue elegido el 8 de septiembre, Fiesta Popular de Santa María de Guadalupe, “por el arraigo popular y por la dimensión cultural e histórica que tiene”, aunque hubo algunas voces críticas que interpelaron a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, entonces Presidente de la Junta de Extremadura, diciéndole “que si se la había aparecido la Virgen de Guadalupe” y que votaron, por tanto, en contra.
Celebración de la creación de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz. Mérida, 1994
         
A partir de este momento, comenzó un movimiento político regionalista reivindicando que la Virgen de Guadalupe pasara a integrarse en una diócesis extremeña, no así las otras 30 parroquias de la Archidiócesis de Toledo que también están en la región extremeña, de las que apenas se habla. Dicha petición se reactivó de nuevo a partir del 28 de julio de 1994, con la creación de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, en las que están integradas las diócesis de Coria-Cáceres y Plasencia, que han hecho de este tema causa recurrente, a sabiendas de que pastoralmente dichas parroquias todas están  bien atendidas por sus respectivos párrocos y la gran mayoría de ellas prefieren seguir dependiendo de la diócesis Primada. Por otra parte, la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz también tiene otros 20 pueblos que pertenecen al arciprestazgo de Béjar, administrativamente a Salamanca y de los cuales tampoco se dice nada.
         El día  27 de diciembre, en vísperas de los Santos Inocentes, la Conferencia Episcopal Española, siguiendo el comunicado del la Nunciatura Apostólica, nos anunciaba gozosa, como no puede ser de otra forma, la llegada del nuevo Arzobispo de Toledo, monseñor Francisco Cerro Chaves (Malpartida de Cáceres, 1957), obispo de Coria-Cáceres, siguiendo así los pasos de aquel prócer y príncipe de la Iglesia, Pedro Segura y Sanz (Carazo (Burgos), 1880-1957), que junto con  el Rey Alfonso XIII redimieron a las Hurdes de su ancestral retraso y a la Virgen de Guadalupe, le devolvieron con su coronación canónica, como Reina de las Españas (Hispaniarum Regina) el papel que la historia le había asignado como elemento de unidad dentro de la Nación Española y como el mayor símbolo de la Evangelización en el Nuevo Mundo, como así lo reconoció san Juan Pablo II y la propia UNESCO.

  
La Virgen de Guadalupe en Roma con sus obispos
pueblo, Caballeros y  Damas. Roma, 2007
      
Nuestro Arzobispo electo de Toledo, don Francisco Cerro, manifestaba hace unos pocos días antes de su toma de posesión de la Archidiócesis, que “seguirá apostando porque Guadalupe (Cáceres) pertenezca a una de las tres diócesis extremeñas y no a Toledo” ¡Caso insólito en la historia de la Iglesia!

         Sus palabras han causado en la feligresía de Guadalupe, un hondo pesar por sentirse en cierta manera repudiada por su propio pastor diocesano, que siempre ha sentido la cercanía y el calor de la Madre Iglesia Primada de Toledo, cuyos pastores han sido fieles defensores de la devoción de la Virgen de Guadalupe como Patrona de Extremadura y como Reina de las Españas, especialmente en los momentos más difíciles de la historia de esta parroquia-santuario, manteniendo siempre la llama viva de la fe guadalupense y gracias a ellos se ha mantenido parte del patrimonio que hoy atesora Guadalupe.

Religión Confidencia digital, que ya anunció en octubre de 2019 la noticia de don Francisco Cerro da el diagnóstico certero sobre el asunto: “sabe que las diócesis extremeñas no cuentan con suficiente clero ni medios económicos para hacerse cargo de la demarcación de Guadalupe (debería decir de Toledo), pero las reivindicaciones políticas se están imponiendo en la realidad eclesial” (28.XII.2019).
Esto quizás nos suene a algunos. Todos tenemos en mente a Cataluña y el país Vasco, donde el nacionalismo cada vez va ganando mayor protagonismo. ¿Alguien se acuerda de sus orígenes?
Como guadalupense, extremeño y español no quiero contribuir a que nuestra región ponga los cimientos de esta lacra, aunque que sea bajo el pretexto de la Virgen de Guadalupe, que desde su origen y aparición manifestó que no la mudasen  del lugar donde se había aparecido.
¿Si la Parroquia-Santuario de la Puebla y Villa pasa a una diócesis extremeña su patrimonio artístico lo podrá reclamar Castilla La Mancha? Precedentes ya existen. Aragón ya ha conseguido que Cataluña le devuelva parte de su patrimonio. La Academia Toledana ya se ha pronunciado también al respecto.

Caballeros y Damas invitados por Don Braulio en su despedida. 22.2.2020

Espero como fiel cristiano que la Santa Sede, como dice nuestro arzobispo, don Francisco Cerro Chaves, que es quien tiene la última palabra, no se coaligue con la política para llevar el Evangelio de Cristo, queremos y deseamos que este Santuario, esta Basílica y esta Parroquia siguán siendo la CASA COMUN de la Madre de Dios para los extremeños, los andaluces, los castellanos, los  gallegos, los valencianos, portugueses e iberoamericanos, tal como lo recogen sus nueve códices de milagros, sus peregrinaciones constantes, su fiesta mayor, 8 de septiembre y su fiesta de la Hispanidad, 12 de octubre.

Bibliografía:
AA. VV. Guadalupe, siete siglos de fe y de cultura. Ediciones Guadalupe, 1993.
ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo. La Virgen de Guadalupe en el Mundo. Madrid, 2000.
ARÉVALO SÁNCHEZ, Antonio. Guadalupe, siglo XX [El primer siglo franciscano]. Sevilla 2004.
AA. VV.. Raíces de Guadalupe. Cáceres, 2015.