GUADALUPE RECUPERA DOCUMENTACIÓN DE SU ARCHIVO HISTÓRICO

Gracias a la donación de la familia Esteban Rodríguez


Antonio Ramiro Chico,
Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe


            La exclaustración de 1835 supuso para el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe un golpe de gracia, especialmente para su antigua Biblioteca (con más de 205 incunables) y su histórico Archivo, que contenía documentación bastante interesante de la historia de este Santuario Nacional y de España (S.XIV-S.XVIII), desde Alfonso XI hasta Isabel II, destacando los 147 documentos de los Reyes Católicos, como el mismísimo testamento de la Reina Isabel, que debido a la ignorancia por parte de los ejecutores de las leyes desamortizadoras de su valor histórico sufrieron todo tipo de aventuras y desdichas.

            Como bien dice Luis de la Cuadra Escrivá de Romaní, del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos:

“Se tardó mucho tiempo en recoger los libros, pergaminos y papeles, con la agravante de realizar este cometido personas incompetentes, hasta tal punto que hicieron transportar libros y documentos a la capital de la provincia [Cáceres], en caballerías y carros mal acondicionados para atravesar montañas y cañadas, arroyos y otros vericuetos de difíciles pasos, que cada viaje costaba días enteros con sus noches y sus hogueras consiguientes”[1].
            
         
SELLO PRIORAL DE GUADALUPE
 El 18 de septiembre de 1835, los 89 monjes de la Orden de San Jerónimo, tuvieron que salir de su monasterio, aunque en principio se quedaron en Guadalupe vestidos de clérigos, seguramente en parte de sus propiedades, como eran los hospitales, colegios, casa de expósito y viviendas particulares que el monasterio poseía, pero el temor de la llegada de las columnas carlistas, les obligaron el 9 de octubre a salir, en el término perentorio de 24 horas, debían estar todos a distancias de 12 leguas (57,84 kms.), comenzando su verdadero calvario, excepción hecha únicamente del prior, fray Cenón de Cabanillas Herrera, natural de Garbayuela  (Badajoz) (1785-1856),  ahora cura párroco en funciones hasta que el Arzobispo de Toledo nombrara a quien le haya de sustituir, que debía de ser de inmediato.

              Durante 40 días, el monasterio sufrió el saqueo y el expolio de unos y otros, por un lado los comisionados (los hermanos Atocha, Tomás Pintor, Pedro Navas, Antonio Casilda, José María Calatrava, Manuel Tena, José Gordón, José Secos, Manuel Mansilla y Agustín Castillón), por parte de la Comunidad jéronima: fray Cenón Cabanillas, Fray Felipe Rosado de Belalcázar, mayordomo y Fray Juan Molinos Soria.

            Por fin, después de 40 días de la expulsión de los monjes y de tanta tropelía y enredos, se levantaron los inventarios, para los que se hizo venir en 1839 al desterrado ex-prior, fray Cenón de Garbayuela desde Benquerencia y en presencia del presbítero, Juan Ramón Saavedra, comisionado por la Junta Amortizadora de Plasencia, aunque resulta extraño que los inventarios no están autorizados por ninguno de los comisionados o representantes de la autoridad, en cuyo nombre se incautaron de todo[2].

            En lo que respecta al Archivo Histórico la ignorancia de sus ejecutores les hizo sentirse incapaces de poner orden al número ingente de documentos, “reservando a la superioridad disponer sobre el particular”, por este motivo nos podemos preguntar, qué trato recibirían los documentos que llevaban y cuantos llegarían a la Delegación de Hacienda.

             En 1896 un ávido archivero, para Luis de la Cuadra inteligente y erudito, don Vicente Vignau Ballester, jefe a la sazón del Archivo Histórico Nacional, recorrió los Archivos Provinciales y consiguió la autorización para trasladar al Archivo Histórico Nacional 3.000 legajos de los documentos de los suprimidos conventos, de los cuales proceden del Monasterio de Guadalupe: 502 pergaminos, comprendidos en 24 carpetas y 11 legajos; sellos con 112 documentos, 59 códices y libros y 37 dibujos y planos, correspondiente a las Secciones de Clero, Pergaminos y Papeles, debidamente recogida su ficha técnica en el Catálogo Inventario de los documentos del Monasterio de Guadalupe, confeccionado como ya hemos visto por erudito historiador don Luis de la Cuadra, quien pensaba hacer igualmente el catálogo de los documentos  que se conservan en el Monasterio[3], así como de los repartidos por otros archivos, que por desgracia no llegó a culminar.

            Por parte de la Comunidad jerónima, con fray Cenón de Garbayuela a la cabeza, como ex-prior y párroco vitalicio (1835-1856)[4], después de su destierro (1835-1845), primero en Benquerencia y después en Garbayuela, su pueblo natal donde fue párroco ecónomo (1841-1845). La reina Isabel II, accediendo a la solicitud hecha por los sacerdotes y parroquia de Guadalupe, le levantó el destierro regresando a la parroquia guadalupense como párroco vitalicio, concesión ratificada después por la Real Orden de 9 de marzo de 1847, siendo acogido en una de las casas de la Plaza, que Antonio Reinoso Concha, alcalde de Guadalupe (1840) tenía de las subastadas, donde vivió hasta su muerte en 1856.
VIRGEN DE GUADALUPE.ESTAMPACIÓN
EN SEDA. SIGLO XIX

            Durante sus 20 años de servicio, llevó a cabo una gran labor parroquial. El 4 de agosto de 1849 dirige al cardenal Arzobispo de Toledo, don Enrique Plá y Deniel (1842-1968) una circular en la que refleja la suma pobreza en la que se ha quedado el Santuario, al  mismo tiempo que pide la devolución de los bienes parroquiales, que confundidos con los de la Comunidad habían sido importantemente arrebatados en la exclaustración, como ocurrió con los propios mantos ricos de Nuestra Señora de Guadalupe[5].

            Su ministerio parroquial y rectoría del Santuario contó con la ayuda de varios curas tenientes y ecónomos, algunos de ellos monjes exclaustrados: Juan Nicolás Molinos, Manuel Suárez, José María Ortiz, Francisco Aranda, quienes con su presencia contribuyeron  a mantener parte de las riquezas que hoy se conservan en el Santuario.

            Falleció  este esclarecido religioso el 23 de abril de 1856, a la edad de 71 años y según su testamento dejó dispuesto lo siguiente:

“…ser amortajado con su hábito monacal y enterrado en el local donde se entierran las personas de su clase en el sitio por donde pasan más fieles para que con sus huellas agen y abatan el orgullo que siempre tuvo. Entierro de primera clase y que en aquel día  celebren todos los sacerdotes de esta Parroquia misa rezada por su alma y misa cantada de cuerpo presente y que al día siguiente se cante otra del mismo modo y con vigilia.
Y para cumplir con lo que le previne la constitución 63 del código de las leyes de su Orden, mandó que al séptimo día de su fallecimiento se cante una vigilia de tres lecciones y misa cantada con ministros y lo mismo el día trigésimo y cabo de año. Mandó igualmente que se digan una misa rezada a Nuestra Señora de Guadalupe en su mismo altar mayor, otra al santo de su nombre, otra al Ángel de su guarda y tres por cargo de conciencia y penitencias mal cumplidas y cien misas rezadas por su alma, dividiéndose la limosna de esta cuatro parte cada una.
Y que si tuviese trigo suficiente se distribuya por sus herederos una fanega en pan a los pobres de la Puebla de su naturaleza cuando lo tuvieran por oportuno y que sus albaceas nombren o digan a cuatro pobres le lleven en las andas y después mis herederos den a cada uno una rosca o pan grande.
Instituyó y nombró por sus únicos y universales herederos habidos y por haber al referido D. Manuel Cabanillas, vecino de la Puebla de Alcocer, a Dª. Josefa Fernández Cubillo, Vda. de Domingo Rodríguez Saavedra y en su defecto a sus cinco hijos: Florentina, María Antonia, D. Julián, Josefa y Jacoba Rodríguez Saavedra, y a su apurador, Salustiano Cendrero, natural y vecino de Garbayuela.
Y por mis testamentarios y albaceas con carácter de contadores y partidores a D. Manuel Cabanillas, D. Juan Rodríguez y Salustiano Cendrero”[6].

           
Real Provisión de Carlos IV, 1802
El  mismo Vicente Barrantes en su visita de 1882 se lamenta del expolio sufrido por el monasterio, tanto por José García Atocha, como por los propios monjes, que viendo la situación intentaron salvar parte del patrimonio[7].

            Así fray Cenón de Garbayuela y fray Juan Nicolás Molinos Soria, entre otros, ocultaron en su domicilio particular, sito en la Plaza de Santa María de Guadalupe, actual número 36, propiedad de Antonio Reinoso Concha, una cantidad interesante de documentos, según constata los descendientes de la familia María Encarnación Moreno Navas y Alberto Rodríguez Viñuelas, quienes manifiestan que en su casa existía varios cajones o cenachos con documentación del monasterio, que había recibido su abuela María Eugenia Baños Plaza y Segura, natural de Alía, sobrina carnal de la esposa de Antonio Reinoso Concha, que la tuvieron por ahijada y por tanto, propietaria de la casa de la Plaza, en la que vivió el padre Cenón.

            Según nos narra Jesús Esteban Rodríguez, nieto de María Encarnación y Alberto, cuando estos se casan el día 28 de octubre de 1910, se trasladan a vivir a la calle Real, al Hospital de Mujeres, que en su día, después de la exclaustración pasó a manos de fray Juan Molinos Soria, antiguo exclaustrado, mayordomo mayor (1827-1830), sacerdote, natural de Brozas, autor también de la restauración de los mantos ricos de la Virgen[8], mudando allí los cestos con la documentación del Monasterio, que fueron depositados en la bodega sobre tablas, colocadas éstas en burras de madera para que la humedad no les afectara[9].

            Tal como recoge la partida de defunción de fray Juan Nicolás Molinos Soria, natural de Brozas (Cáceres), éste falleció el 26 de junio de 1873 a la edad de 78 años y otorgó testamento ante el notario público D. Lorenzo Delgado y Escalona y en cuanto a lo piadoso dispuso lo siguiente:

“Que su mortaja fuera correspondiente a su estado de sacerdote, ataúd humilde y sin ningún adorno. Que el oficio de difuntos sea completo, repitiendo al cabo de año. Que se digan las treinta misas de San Gregorio por el Pbtro. don Benigno Collado y doscientas rezadas con la limosna ordinaria por cualquier sacerdote. Que se reparta algún pan y dinero a los pobres, llevándose la limosna a sus casas. Que se diesen a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe la cantidad de algún dinero e impuso cargar a varias de sus fincas a favor de la misma iglesia que por ahorro no hace falta especificar.
Nombró por albaceas testamentarios a su sobrino político D. Juan Rodríguez Cano y al que fuera cura de esta villa al tiempo de su fallecimiento. Instituyó por heredera universal a su sobrina Dª Francisca Salgado [Pereantón] de esta vecindad y si esta muere sin descendientes que la hereden todos los bienes procedentes del testador, excepto la casa de su morada, sea vendidas a la mayor brevedad por los testamentarios y la mitad del importe se entregará al mayordomo de la iglesia de esta villa para la mayor y más urgente culto de María Santísima de Guadalupe y la otra mitad de distribuirá a los pobres llevada la limosna a sus casas”[10].
            
             Francisca Salgado Pereantón tuvo descendencia: Plácido Rodríguez Salgado, que casó con Francisca Viñuelas y cuyo hijo Alberto Rodríguez Viñuelas se trasladó a vivir al Hospital de Mujeres, donde había nacido, recibiendo por parte de su esposa la documentación que estaba en poder de fray Cenón de Garbayuela, muerto ya en 1856 y que según la familia custodiaron hasta la llegada de los franciscanos, a los que entregaron una parte. 

            Después de la Guerra civil (1936), la familia de Alberto Rodríguez y María Encarnación volvieron de nuevo a mudarse a su antiguo domicilio de la plaza, con sus cinco hijos: Plácido, Alberto, Francisco, Luis y Pastora Jacoba, trasladando también  la documentación del Monasterio en varios cajones, los cuales permanecieron en el doblado durante varias décadas, hasta que a comienzo de los ochenta, Jesús Esteban Rodríguez, interesado por la historia de Guadalupe, descubre durante los veranos aquellos fajos de papeles viejos guardados en cajones.
PASTORA JACOBA RODRÍGUEZ MORENO

            A la muerte de sus tíos, su madre, Pastora Jacoba, única heredera de  la casa de la Plaza y de los bienes,  traslada la documentación a Cáceres, lugar donde residen en la actualidad, para llevar a cabo el catálogo descriptivo de dicho fondo manuscrito, contratando en 1985 los trabajos de Antonio Solano Rodríguez, licenciado en Biblioteconomía y Documentación, natural de Arroyo de la Luz (Cáceres), por in importe de 27.000 pesetas.

            La documentación que recoge el catálogo mecanografiado, está inserta en 2 legajos, que contienen 73 documentos (la mayoría son copias de los siglos XVIII y XIX),  divididos en varias secciones:

-           I: Documentos del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (1337-1861). Leg. 1. Documentos: 1-27.
-                            II: Documentos de Cofradías (1625-1800) Leg. 1. Documentos 28-32.
-                            III: Documentos de Obras Pias (1547-1852). Leg. 2. Documentos 1-9.
-                            III: Documentos del Ayuntamiento de Guadalupe (1502-1841). Leg. 2. Documentos 10-14.
-                            IV: Documentos Estado (1798-1832). Leg. 2. Documentos 15-17.
-                            V: Documentos Particulares (1502-1871). Leg. 2. Documentos 18-36.
-                           VI: Documentos Varios (1502-1871). Leg. 2. Documentos 37-41.

            Durante los años noventa del siglo pasado, Jesús Esteban Rodríguez, en nombre de su madre, Pastora Jacoba, hace entrega a fray Sebastián García, archivero y bibliotecario del Real Monasterio, de varios documentos correspondientes algunos a la época jerónima y otros del periodo secular (1835-1908):
  • -        Acuerdo de salida de la Virgen a la Puebla por la peste y contagio de Sevilla, Cádiz, Sanlúcar de Barrameda, Arcos y otras muchas villas. Sevilla, 1649. 2 fols. 31 x 21,5 cms. s/c.
  • -         Cuentas que firmó Juan Ruiz Arenas, vecino de esta Villa, en nombre de la viuda y heredera de mi hermano, Domingo, pertenecientes a la contribución del Real Noveno a favor del Real Monasterio. Año de 1833. 2 fols. 31,5 x 21 cms.  s/c.
  • -          Poder otorgado por Felipe Ledesma de la ciudad de Segovia a favor de Álvaro Villalba, vecino de la Villa de la Puebla de Guadalupe para que le represente en la escritura de venta a censo de una huerta que tiene en dicha Villa. Papel timbrado con sello 2º de 8 reales.Año 1842. 2 fols. 31,5 x 21,5 cms.  s/c.
  • -   Circular a los Sres. Alcalde, Cura Párroco y otros vecinos de Guadalupe de D. José de Salamanca. Madrid, 18 de septiembre de 1862. Papel con sus iniciales. 1 pliego. 25 x 20 cms.  s/c.
  • -     Circular de Miguel Soria [natural de Montenegro de Cameros), administrador de don José de Salamanca en Guadalupe sobre la continuación de la carretera de 2º orden desde Trujillo a Logrosán hasta el puerto de San Vicente pasando a las inmediaciones  de las villas de Cañamero, Guadalupe y Alía. Guadalupe, 21 de septiembre de 1862. Papel timbrado. 1 pliego. 30 x 20,5 cms.  s/c.
  • -       Borrador de exposición dirigido a la Reina que remitió el Excmo. Sr. José de Salamanca, el 25 de julio de 1862, en nombre del Pueblo, Clero y Vecinos para conseguir la construcción de un camino desde Guadalupe a Talavera de la Reina. Guadalupe y julio de 1862. s/c. 1 pliego doblado en tamaño cuartilla, 23 x 16 cms. s./c.
  • -          Impreso de la obra: Historia de las Aventuras y conquistas de Hernán Cortes en MéjicoMadrid, [s.a.]. Despacho, calle de Juanelo, núm 19. 24 páginas. 22 cms. En esta edición trabajaron: Mares y compañía ca. 1864-1874 y M. Minuesa aprox. Entre 1875-1885. Falta la portada. s./c.

Otorgamiento de Poder de Antonio Carlos López a su hijo para que administre
 las rentas de las Doncellas pobres en Alía
Tan sabia conducta, Jesús Esteban en nombre de su madre Pastora Jacoba Pilar Rodríguez Moreno, la seguirá practicando con el siguiente archivero, fray Antonio Arévalo Sánchez (2010-2018), al que le hace llegar los siguientes documentos para que formen parte del fondo jerónimo del Archivo de Guadalupe y concluya así su larga exclaustración, algunos forman parte del fondo catalogado por él mismo y otros no, como se puede ver en su descripción:
  • -      Testimonio del escribano Real y notario apostólico de Plasencia, Francisco García Moreno y Acebedo, con inserción del auto del Nuncio para que el Monasterio cobre demanda de diezmos. Guadalupe, 21 de marzo de 1653. 5 fols. 31 x 21 cms. s./c.
  • -         Venta real de una escritura de censo de cien ducados, otorgada a favor de la memoria de Martín López Trapero por Matías Pizarro Ruiz, escribano, la cual paga Antonio Delgado poseedor de la hipoteca. Guadalupe, 10 de octubre de 1696. 8 fols. 31 x 21 cm. Primer folio con sello segundo de setenta y ocho maravedís. Año de mil seiscientos setenta y ocho. s./c.
  • -       Traslado simple de varios privilegios, cartas, cesión y confirmación sobre el Patronato Real de esta Santa Casa. Guadalupe, 12 de Julio de 1714. 14 folios manchados + 6 en blanco. 31 x 21 cms. Primer folio con sello tercero de sesenta y ocho maravedís. Año de mil setecientos catorze. Leg. 1, núm. 12.
  • -       Traslado autorizado del Privilegio de donación de Patronazgo y Martiniega para manutención de los clérigos y pobres, con el término de la ermita y manutención de hospitales [Cadalso, 25, XII, 1340]. En la Villa de la Puebla de Guadalupe, 3 de junio de 1756. 4 folios + 2 de guardas. 31 x 21,5 cms. Primer y último folio con sello qvarto, Año de mil setecientos y cincuenta y seis. Leg. 1 núm. 2
  • -          Certificado de Carlos González Nieto, notario público y apostólico de la Villa   de la Puebla de Guadalupe en los que los Señores Nuncios reconocen la exención de Nulius y también los señores obispos de Plasencia y vicario de Toledo, para que se cobren deudas inhibitorias en causas beneficiales y matrimoniales. Guadalupe, 4 de mayo de 1757. 4 fols. 31 x 21 cms. Leg. 1. núm. 14.
  • -      Certificado de un juro de Juan García, zapatero, miembro de la cofradía de san Sebastián y árbol genealógico de Pedro Alfonso fiel y Catalina Jiménez, su mujer. Guadalupe, 20 de enero de 1763. 3 fols. 30,5 x 21 cms. s./c.
  • -      Traslado autorizado de la carta de D. Pedro, Arzobispo de Toledo, Chanciller Mayor de Castilla, al prior de Guadalupe, Juan Serrano, comunicándole que la Iglesia de Guadalupe se erigía en monasterio conventual de la Orden de san Jerónimo. Dada en Alcalá a 1 de septiembre de 1389. Se inserta además, otra carta del rey Juan I al Arzobispo de Toledo en la que manda la fundación del Monasterio y Convento de Guadalupe, de 15 de agosto de 1389.
  •       Traslado hecho en Guadalupe a 15 de marzo de 1821. 5 fols. 31,5 x 21,5 cms. Varios folios con sello de oficio de 4 maravedis. Año 1821. Leg. 1 núm. 4.
  • -       Expedientes de subasta de la Contaduría Principal de Toledo sobre bienes rústicos y urbanos del Monasterio suprimido de Jerónimos de Guadalupe, correspondiente al Crédito Público, promovido por el Juzgado de 1ª Instancia de Herrera de la Serena. Herrera de la Serena, 1821-1822. 48 fols. 31 x 22 cms. La mayoría de los folios con sello, 4º de 40 maravedis. Año 1822 y sello de oficio 4 mrs. Año 1821. Los primeros algo deteriorados y manchas de humedad.  Leg. Núm.23.
  • -   Declaración de Juan José Ocaña, escribano, sobre el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe referente al pleito de los diezmos de este Monasterio y el obispado de Plasencia. Guadalupe, s./f. 8 fols. 31 x 22 cms. Leg. 1. Núm. 17.

Suplicatorio del Ayuntamiento Constitucional de la Villa y Puebla de Santa María de Guadalupe a la Regencia Provisional del Reino. 1841 
El suelto publicado en la Revista Guadalupe, 857 (2018), bajo el título ¿Puebla y Villa?, por El Fraile Cronista, seudónimo utilizado por fray Antonio Arévalo Sánchez, donde cuestiona los títulos de Puebla y Villa para Guadalupe, así como su rotulación en membretes y documentación oficial, pues resulta un error según él, provocó la contestación por parte de algunos guadalupenses.

Uno de ellos, ha sido Jesús Esteban Rodríguez, cuya familia posee, como hemos visto una importante colección documental de los fondos del Archivo Jerónimo de Guadalupe, en los que en la mayoría de ellos aparecen los títulos de Puebla y Villa, incluso de Real para Guadalupe, no sólo fue concedido al lucido y luciente Monasterio, sino también a la sumisa Puebla, que los ostenta, porque hasta la fecha no han sido derogados ninguno de ellos.

Este motivo hizo que Jesús con el que siempre he mantenido una cordial y estrecha amistad y al que tantas veces he animado a que hiciera entrega de la documentación que poseen del Monasterio ha tenido a bien enviarme la siguiente documentación, relacionada con el tema, que como no podía ser de otra forma, después de estudiarla, ha sido depositada en el legajo que se custodia en el Archivo del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, bajo el siguiente epígrafe: FAMILIA RODRÍGUEZ-ESTEBAN, así como una copia de su propio catálogo, que tan generosamente me ha enviado, para que a partir de ahora pueda estar a la consulta pública de todo aquel que esté interesado.
  • -        Copias de los Privilegios de Don Alfonso XI y de Enrique II:1.337, Diciembre, 3. Sevilla: Por el que ordena a D. Fernán Pérez de Monroy señalar los términos del Santuario a petición de D. Pedro Gómez Barroso, cardenal de España.1.338, Febrero, 26. Salamanca: Por el que manda a los escribanos públicos de Plasencia que acompañen a D. Fernández Pérez de Monroy  para el señalamiento de términos del Santuario de Guadalupe.1.347, Abril, 11. Illescas: Carta plomada en la que reconoce los términos dados a la Iglesia de Guadalupe.1373, Junio, 26. s./l.: Privilegio de Enrique II reconociendo la erección de la Iglesia de Guadalupe en Monasterio de la Orden Jerónima, así como las demás concesiones otorgada por sus antecesores.Guadalupe, s./f.  31,5 x 21,5 cms. 5 fols. útiles + 1 blanco. Leg.1 núm.1
  • -     Protocolo de Títulos y Escrituras del Monasterio, que contiene 212 documentos extractados: Privilegios, concordias, transacciones, escrituras, bulas apostólicas que esta Santa Casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe tiene necesidad de protocolizar.Pedimiento: Fol. 1: “Fray Francisco de Trujillo Monge Presbítero y Profeso de este monasterio de Santa María de Guadalupe y Archivero della…”Protocoliza Alonso Jiménez de Guevara, alcalde mayor de esta Villa de la Puebla del Monasterio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, 17 de abril de 1.669, legitima Juan Pizarro y reiteran dicho Auto el 20 de abril de 1.669. Guadalupe, abril, 1.669. 14 fols. útiles y sellados, con sello Qvarto de diez maravedís. Año de mil y seiscientos y sesenta y nueve. 31,5 x 21,5 cms. Leg. 1, núm. 9
    MILAGROSA EN MAR Y TIERRA
    ESTAMPACIÓN EN SEDA ROJA, 1807
  • -         Nombramiento, aceptación y juramento del licenciado Francisco Machuca y Vargas, vecino de la Villa de la Puebla de Guadalupe, como Alcalde Mayor, efectuada por fray Manuel de Zafra, prior del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Nullius Diocessis.Guadalupe, 10 y 16, diciembre de 1760. 2 fols. con sello primero de quinientos y quarenta y cuatro maravedís en el 1 fol. r y sello del Monasterio con la imagen de la Virgen en el fol. 1 vto. 30 x 20,5 cm. Leg. 2, núm. 12
  • -       Otorgamiento de Poder de Antonio Carlos López, a favor de su hijo Carlos López Cordero para que administre las rentas para dote de Doncellas pobres que fundó  D. Diego Fernández Nicolás, en Alía y en otros pueblos de la Provincia y de Toledo. Fueron testigos: Miguel Pizarro, Antonio Medrano y Juan Santos Ledesma. Antonio Cirilo Lopez, escribano de S.M. la Reina, legitimándolo Juan Ruiz Arenas. En la Villa de la Puebla de Guadalupe, 23 de mayo de 1834. 2 fols. de sello 2º de 8 reales. Año de 1.834, con la inscripción:”Valga para el reinado de S.M. Doña Isabel II”. 31 x 21 cms. s./c.
  • -       Copia del Suplicatorio del Ayuntamiento Constitucional de la Villa y Puebla de Santa María de Guadalupe a la Regencia Provisional del Reino para que ésta declare que el terreno común y baldío del término de Guadalupe les corresponde a sus vecinos con sus respectivos aprovechamientos y mande a la Dirección de Arbitrios de Amortización cese en el cobro de terrazgos y en el corte de álamos y arbustos de las márgenes del río y sitios públicos dentro de su término y jurisdicción, concediéndoles además terrenos de los limítrofes consignados a la fábrica de san Lorenzo del Escorial o de los abundantes de los pueblos circundantes de Alía y Cañamero. Guadalupe, 27 de abril de 1.841. 4 fols. 29,5 x 20,5 cms. Leg. 2 núm. 14.
  • -       Ratificación de cesión y donación hecha por Joaquín Ramiro Arias y su sobrino Juan Ramiro Arias, vecinos de Guadalupe, a Juan Ramiro Arias, hermano y tío de los susodichos, de la que hizo Francisco Ramiro, padre y abuelo de los respectivos, sobre un heredad de viña y tierra en el pago de las siete puertas.En la Villa de la Puebla del Real Monasterio de Nuestra Señora Santa María  de Guadalupe, 29 de mayo de 1776. 2 folios con sello qvarto, veinte maravedís, Año de mil setecientos y setenta y seis. 31 x 21 cms. Copia algo deteriorada. Leg. 2. Núm. 27.
    DONACIÓN DE JOAQUÍN RAMIRO, 1776
  • -       Bando de Don Esteban Díaz Calderón, abogado de los Reales Consejos y alcalde mayor de la Villa de la Puebla de Guadalupe, sobre ordenamiento de la feria, de acuerdo con las leyes y pragmática del reino. Guadalupe, 7 de septiembre de 1722. 2 fols. con sellos de qvarto de quatro maravedís. Año de mil setecientos y veinte y dos. 31 x 21 cms. Leg. 2. núm. 11.
  • -      Cuenta dada por Antonio Cirilo López, regidor decano y regente de la Real Jurisdicción de la Puebla de Santa María de Guadalupe, al Ayuntamiento de Guadalupe, correspondiente al año de 1827. Guadalupe, 6 de febrero de 1828. 4 fols. con sello de oficio de 4 mrs. Año 1828. 31 x 21 cms. Leg. 2. núm. 13.
  • -        Expediente y Respuesta del Fiscal General del Obispado de Plasencia, Don Blas García Cañas, a fray Juan de la Victoria, monje jerónimo y administrador de Santa María de Madrigalejo, para que se abstuviese de celebrar el sacrificio de la Misa en el oratorio de dicha granja según y cómo en autos se contiene.Intervienen además José Montoya y Robles, en nombre del Prior y de los monjes de Guadalupe en la respuesta, representado por el licenciado Joseph Muñoz de la Cruz. [Plasencia], 26 de febrero de 1789? 22 fols. 31 x 21, 5 cms. s./c.
  • -       Expediente de vecindad de Juan de Masa, hidalgo, labrador y vecino de Roturas  solicitado para la Puebla de Guadalupe.Roturas, 31 de marzo de 1758. Guadalupe, 29 de noviembre de 1758.
  •  Traslado autorizado por Antonio Rodriguez Solano, 1 de abril de 1799. 3 fols. 30,5 x 21 cm. Leg. 2, núm. 25.
  • -    Autos de oposición a una Capellanía para don Antonio González de Roque y Medina por padecer el “Morbo caduco” o epilepsia, que según su propio testimonio fue curado por el cirujano de Guadalupe Gabriel Tello con una receta del padre fray Juan de Mérida, tal como recoge dicho documento. Documento publicado en parte por Jesús Esteban Rodríguez, en la Revista Guadalupe 795 (2005) 31 y Ateneo de Cáceres. S./l. marzo de 1779?. 1 fol. 31 x 21 cms. s./c.
  • -   Carta autógrafa de don Jerónimo Luengo de Almadén (Ciudad Real) a don Juan Molinos ofreciéndole planchas de cobre para el Martinete, que según el documento era de su propiedad y estaba todavía en funcionamiento.Almadén, 6 de junio de 1872. 2 hojas. 20 x 13 cms, con sellos de las estafetas de Almadén y Logrosán. s./c.
  • -          Real Provisión de don Carlos IV_______ de nombramiento a favor de don Antonio Rodríguez Solano, como escribano de número de la Villa y Puebla de Guadalupe, por S.M. Carlos IV.Sello y firmas autógrafas originales. Contiene además cosido Auto de Provisión.Madrid, 21 de abril de 1802. 7 folios con sello primero de mil ochenta y ocho maravedís, más uno en blanco. Año de mil ochocientos y dos. 31 x 21,5 cms. Leg. 2, núm.29
  • .   Auto de Provisión de una escribanía de número solicitada por Antonio Rodríguez Solano. Guadalupe, 4 de mayo de 1802. 2 folios con sello quarto, cuarenta maravedís. Año de mil ochocientas y dos. 29,5 x 20 cms. Leg. 2. Núm. 29
  • -          2 estampaciones en seda de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe:
  •      1ª) Corresponde a la litografía E. Roldan. Madrid, publicada en la obra: Descripción o Resena del Santuario de la Virgen de Guadalupe, por A.G.P. Madrid, 1878.  Estampada en color amarillo.  19 x 16 cms. 
    SELLO DEL SANTUARIO EN CERA.
                           
  •     2ª) Corresponde a la litografía grabada por Mateo González, 1807, en la que se recoge la siguiente leyenda: “N.Sra./ DE GUADALUPE/ Milagrosa en Mar/ y Tierra/ Por una Ave María están/ concedidas muchas Indulg.s.”Estampada en color rojo. 15 x 12 cms.
  • -        Folleto sobre la Exposición de motivos para solicitar del Gobierno de S.A. el Regente del Reino la instalación en Guadalupe de un Juzgado de Circunscripción al plantearse la nueva organización del Poder Judicial, por D. Pedro Navas y Valmorisco. Madrid, 1870. s./c. Incluye carta geográfica particular de la zona de Guadalupe, por Pedro Navas, Doctor Médico de la Villa de Guadalupe.
  • -     Testamento de don Antonio Rodríguez Solano, escribano de número de la Puebla de Santa María de Guadalupe y cumplimiento de su disposición.Guadalupe, 16 de septiembre de 1836. 2 folios más dos cuartillas de cumplimiento.31 x 21 cms. s./c.Es copia autentificada.
  • -    Expediente de nombramiento de Antonio Rodríguez Solano, como notario eclesiástico del Priorato de Guadalupe, efectuado por fray Cenón de Garbayuela, prior del Real Monasterio y de la Villa y Puebla de Santa María de Guadalupe.

Contiene:

-Solicitud, firmada en Guadalupe, 27 de noviembre de 1833

-Nombramiento, firmado y sellado en Guadalupe, 7 de diciembre de 1833.
31 x 21 cms.3 fols. Los dos del nombramiento con sellos oficiales de 4º y de 40 maravedis de Fernando VII y sello prioral con la imagen de la Virgen de Guadalupe, todos ellos debidamente firmados y rubricados por los interesados, así como por el Notario Mayor, Juan Ruiz Arenas y el Notario Eclesiástico, Fray Santos de Sigüenza. Leg. 2, núm.32



[1] CUADRA, Luis de, Catálogo inventario de los documentos del Monasterio de Guadalupe. Madrid, 1973, pp. 2-3
[2] RAMIRO CHICO, Antonio, “Bosquejo Histórico-Literario  de Guadalupe”, en Raíces de Guadalupe. Cáceres, 2015, pp. 26-36.
[3] SARRABLO, Eugenio, CORREA, Antonio, ÁLVAREZ, Arturo, Inventario del Archivo del Real Monasterio de Guadalupe (Cáceres). Madrid, 1958.
[4] GARCÍA, Sebastián, “Guadalupe:Santuario, Monasterio y Convento”, en Guadalupe: Siete siglos de fe y de Cultura. Madrid, 1993, pp. 106-107.
[5] RAMIRO CHICO, Antonio, “Un guadalupense olvidado, Antonio Díez, Caballero y Alcalde”, en Boletín Caballeros de Guadalupe, núm. XXVI (2015), pp.3-9.
[6] A.M.G. C-232. Partida de defunción de fray Cenón de Cabanillas, natural de Garbayuela, registrada el seis de mayo de 1856 por Benigno Collado, fols. 112 vto.-115 r.
[7] BARRANTES MORENO, Vicente, Virgen y Mártir Ntra. Sra. de Guadalupe. Recuerdos y Añoranzas. Badajoz, 1895.
[8] A.M.G. Leg. 38: Informaciones… núm. 872
[9] Por carta fechada el 6 de Junio de 1872 de Jerónimo Luengo de Almaden, sabemos que fray Juan Nicolás Molino era también propietario del Martinete, que todavía seguía batiendo cobre por esta fecha.
[10] A.M.G. C-233. Partida de defunción de fray Juan Molinos, monje exclaustrado del Monasterio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe del Orden de San Jerónimo, registrada a 26 de junio de 1863, por Benito Díaz, fol. 65.



GIL CORDERO, EL VAQUERO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE


Antonio Ramiro Chico,
Cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe




INTRODUCCIÓN

Para poder hablar de este personaje legendario es necesario que situemos este hecho sobrenatural dentro de la leyenda de Nuestra Señora de Guadalupe y del contexto histórico que la generó durante la baja Edad Media, en tiempo de reconquista y de asentamiento de población,  de formación de dominio eclesiástico y de captación de súbditos para la Corona de Castilla[1].

Custodios de Santa María de Guadalupe.
Pedro José de Uceda. Siglo XVIII
Lugar situado entre las dehesas de Guadalupe y del Puerto de Ivan Román, fue línea divisoria entre las tierras de Talavera y de Trujillo, paso estratégico y por tanto, espacio dominado por los golfines[2], que perturbaban con frecuencia a sus pobladores( pastores, colmeneros y taladores).

Sabemos de la presencia de pastores que aprovechaban los pastos de esta zona, asentados a lo largo de las cañadas ganaderas consolidadas tras la creación de la Mesta por Alfonso X en 1273, lo que dará lugar a futuros pueblos, como Deleitosa.

La leyenda de Nuestra Señora, tiene su epicentro en la aparición de María a un vaquero, hecho frecuente en la literatura medieval, donde se narra una serie de acontecimientos fantasiosos e históricos, que con el paso del tiempo, se enriquecerá con nuevos datos que irán fortaleciendo el núcleo originario.

El hecho aparicionista debió suceder en el último cuarto del siglo XIII, siendo propagado de inmediato entre las gentes del lugar, cuyo milagro corrió de boca en boca, hasta llegar al reino de Castilla y de allí hasta la sede de Avignon,  que en 1326 concede indulgencias a todos los peregrinos que visitaran la “ecclesia beate et gloriose semper Virginis Marie de Guadalupe, Placentine diócesis”[3], aunque no será hasta la segunda mitad del siglo XIV (1344), cuando se recoja por primera vez la leyenda, de forma sucinta en la Gran Crónica de Alfonso XI:

e mando que se escriuiese en su Coronica como Nuestra Señora auie aparecido en aquel lugar/ al vaquero e se auia hallado alli soterrada su santa ymagen e se auia fundado e fecho alli aquella sancta yglesia de Guadalupe donde Nuestra Señora hazia tantos milagros e de cómo hauia dado a aquella yglesia el término que tenie de las tierras de Talavera e de Trujillo.”[4]

Este texto, aunque conocido por la mayoría de los historiadores del monasterio, había pasado inadvertido, tanto la fecha del manuscrito[5] como la referencia del propio hecho aparicionista, quizás por la importancia de la reseña histórica de la Batalla del Salado y la acción de gracias del propio rey a Nuestra Señora:

“E el rrey partió luego de Llerena e fue  a Santa María de Guadalupe a dar graçias a Nuestra Señora, en quien este noble rrey don Alonso auie gran devoción e a quien el se auie recomendado quando yva a pelear con los moros, e por la maravillosa vitoria que Dios, por ruego de su madre, le avía dado contra los reyes Alobasen de Marruecos e de Benamarín e de Granada e offresçió muchas cosas”[6].

La llegada de la Orden Jerónima (1389) y la creación de su propio scriptorium propició la necesidad de prestigiar al máximo el Santuario y la devoción que se había relajado al final del priorato secular, por lo que será necesario aureolarla de tradiciones y de una serie de reliquias igualmente antiguas y preciadas, amén de la intervención real y papal, redactando una leyenda en torno al hecho milagroso, primero recogida en códices manuscritos y posteriormente estampada en grabados y  lienzos[7].

I.        LEYENDA

La leyenda de la imagen de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera, totalmente fantasiosa, remonta sus orígenes legendarios al siglo primero del cristianismo, atribuyendo la autoría de la talla de la Virgen a San Lucas, quien muerto en Acaya (Asia Menor) fue enterrada con él. De allí pasó a Constantinopla, donde permaneció hasta el año 590, cuando fue elegido Papa Gregorio Magno, que devoto de esta imagen la llevó a Roma y la expuso en su propio oratorio.

Una gran peste asoló la ciudad de Roma y el Papa no dudó en pedir la protección de María por medio de su efigie. Llevada por calles, entre el clamor de la gente vio el pueblo como cesaba la peste, mientras que un ángel limpiaba su espada de sangre, sobre un castillo, llamado desde entonces Sant’Angelo.

Aparición de Nuestra Señora a Gil Cordero.
Cantoral Siglo XV
Como obsequio de afectuosa amistad Gregorio Magno envío por medio de su hermano Isidoro, la Imagen de Nuestra Señora a San Leandro, arzobispo de Sevilla, ocupado entonces en la conversión de Recaredo e implantación del catolicismo en el reino visigodo. Durante la travesía desde Roma a Sevilla, una fuerte tormenta les sorprendió, a pesar de ello, la imagen y tripulación llegaron intactas al puerto fluvial hispalense, donde fue recibida por San Leandro, que la entronizó en la iglesia principal de San Juan Bautista, donde recibió culto hasta la invasión árabe, hacia el 711.

Perdido su culto durante varios siglos, será en plena reconquista, a finales del siglo XIII, en los últimos años del reinado de Alfonso X el Sabio (1252-1284) cuando un hecho prodigioso estremeció las sierras de las Villuercas, con la aparición de Nuestra Señora y posterior encuentro de la imagen junto al río Guadalupe. Punto de partida entre lo que hasta ahora había sido pura leyenda, carente de rigor científico, cuyo único fin, como veremos era dar antigüedad y misterio a la imagen titular del Santuario[8].

II.      APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA

No sucede igual con la segunda parte de la leyenda, iniciada con el hallazgo, en la que comienza la historia con la aparición de la Imagen a un sencillo vaquero, vecino de Cáceres que cuidaba los ganados de los Ulloa[9], quién, al recontar su rebaño, advirtió que le faltaba una vaca. Marchó en su búsqueda entre encinas, castaños y robledales hasta llegar a un río de escasas aguas, bastante escondido y después de andar durante tres días por la ribera derecha del mismo, encontró la vaca muerta, aunque intacta. Quiso entonces aprovechar su piel y, al hacer en el pecho del animal la señal de la Cruz con incisiones de cuchillo como era costumbre, se levantó viva la vaca.

Momento en que se apareció María al pastor, en su tribulación, le dijo estas palabras:

“No hayas miedo; ca, yo soy la Madre de Dios, por la cual alcanzó la humanal generación redención. Toma tu vaca y ve, ponla con las otras; ca, de aquesta vaca habrás otras muchas en memoria de aqueste aparecimiento que aquí te apareció. Y desque la pusieres con las otras vacas, irás a tu tierra y dirás a los clérigos y a las otras gentes que vengan aquí a este lugar donde te aparecí, y que caven aquí y hallarán una imagen mía”[10].

Gil Cordero ante su hijo resucitado.
Juan de Santa María OSH. Siglo XVII
El vaquero, tras escuchar el mensaje de la Señora, marchó a su ciudad para comunicar la buena nueva. Cuando llegó a su casa, encontró a su mujer llorando por un hijo que acababa de fallecer. El pastor la consoló y sin dudarlo encomendó su pena a la Madre de Dios:

-“No  hayas cuidado ni llores; ca yo lo prometo a Santa María de Guadalupe, que Ella me lo dará vivo e sano y yo (se) lo prometo para servidor de su Casa”.

Y  en esa hora se levantó el moço vivo e sano y dixo a su padre:

-“Señor padre, aguisad y vamos para Santa María de Guadalupe”.

En ese momento los clérigos de Cáceres llegaban a su casa para dar sepultura a su hijo recién fallecido y el pastor le dijo:

-“Señores, sabed que me apareció Santa María en unas montañas, cerca del río Guadalupe; y mandóme que os dijese que fuésedes allí donde me apareció, y cavasedes en aquel mismo lugar donde me Ella me apareció; y que hallaredes ahí una imagen suya, y que la sacásedes de alla y que le hiciese una casa.

- Y mandóme más, que dijese a los que tuviesen cargo de su Casa que diesen a comer a todos los pobres que a ella viniesen (raspado y luego tachado) una vez al día.

- Y díjome más, que haría venir a esta su Casa muchas gentes, de muchas partes, por muchos miraglos que haría por todas partes del mundo, así por mar e por tierra.

- Y díjome más, que allí, en aquella grande montaña, se haría un pueblo”[11].

El hecho se difundió por toda la ciudad y fue suficiente para persuadir a los clérigos de la verdad de las apariciones. El vaquero, acompañado por los clérigos y su familia, peregrinó hasta el lugar, en que se le había aparecido la Señora y fiel a su mensaje excavaron la roca y encontraron la imagen de María, acompañada de algunos objetos y documentos que justificaban la antigüedad y origen de esta gloriosa imagen.

Con los propios medios y elementos de la zona construyeron una pequeña ermita y levantaron un altar a la vetusta imagen de María, que recibió el nombre del río Guadalupe, en cuya orilla comenzó a florecer una aldea. El rumor de sus milagros y favores pronto se extendieron por los Reinos de Castilla y Portugal y los caminos de Guadalupe comenzaron a ser transitados por romeros y peregrinos de toda condición[12].
Hallazgo de Santa María, junto al río Guadalupe.
Pedro José de Uceda. Siglo XVIII.

El propio rey Alfonso XI (1311-1350) que, frecuentaba estas tierras, buenas  para la caza del oso, en su primera visita, hacia 1330, contempló esta pequeña iglesia en estado ruinoso. Entonces mandó ensancharla y le otorgó varios beneficios y ordenó edificar en sus alrededores hospitales y albergues para peregrinos[13].

Como ya había anunciado, anteriormente, la leyenda  fue el instrumento de difusión del mensaje guadalupense y del hecho aparicionista, en un primer momento, mediante transmisión oral, y después recogida en códices, libros, cuadros y grabados. Esta práctica forma parte del pueblo ya que nace del mismo, de la atracción del ser humano por lo sobrenatural y lo maravilloso, es decir por todo aquello que no tiene una explicación racional. Este suceso, contado por la fantasía del pueblo, pertenece al período de apariciones a pastores, tan frecuentes en  la Edad Media, de los siglos XI al XV e íntimamente relacionados con la iconología mariana, baste recordar a la Virgen del Valle, patrona de Écija, a Nuestra Señora de Valvanera, en la Rioja, a Nuestra Señora de de Montserrat, en Cataluña y otras apariciones reconocidas por la Iglesia[14].

Elisa Rovira López, historiadora y Cronista Oficial de la Villa y Puebla de Guadalupe, mantiene que la leyenda data de la primera época del priorato jerónimo (1389-1441), pues admitiendo la posibilidad de que existiera una tradición oral o un esquema escrito antes de la llegada de los jerónimos, resulta extraño que, durante todo el priorato secular que duró 48 años (1341-1389) no exista referencia alguna[15], al menos hasta el momento, sobre el origen de la imagen, no así sobre el hecho aparicionista, recogido como hemos visto en la Gran Crónica de Alfonso XI.

Fray Arcángel Barrado Manzano, en la introducción de la Crónica del Monasterio de Guadalupe, escrita por el padre fray Alonso de la Rambla en 1484, publicada recientemente por Fray Antonio Arévalo Sánchez[16], afirma que antes que el padre Rambla, hubo dos cronistas más; el códice escrito “cerca de 1400”, desaparecido, que según fray Germán Rubio, la leyenda que publica en su historia corresponde a este códice y el de 1440, es decir el códice 555 del Archivo Histórico Nacional (antiguo 48-B), primer manuscrito donde aparece por primera vez la leyenda escrita[17].

Tanto uno como otro al trascribir la leyenda no recogen el nombre del vaquero, a pesar de ser los más próximos en el tiempo al hecho milagroso:

“Andavan unos pastores guardando sus vacas cerca de un lugar que llaman Halía, en una dehesa que se llamada oy en dia la dehesa de Guadalupe… E sabed que este pastor era natural de Cáceres e ay tenía mujer e hijos”[18].

III.   IDENTIFICACIÓN DEL PASTOR

Sería tras las dos disposiciones de los Priores generales de la Orden Jerónima de fray Alonso de Oropesa (1459) y fray Leonardo de Aguilar (1501), por las que se ordena se fijen por escrito la fundación de sus monasterios y las cosas notables de ellos,  lo que hizo posible la aparición de dos nuevas crónicas, la ya anunciada de fray Alonso de la Rambla, muerto en 1484 y la de fray Diego de Écija, muerto en 1534, que corresponde al códice 10 del Archivo del Real Monasterio, en las que aparece también  la leyenda, aunque Écija ofrece una novedad importante con respecto a su antecesor, pone nombre al pastor:

“Fue llamado este vaquero don Gil de Santa María, como parece en un privilegio del rey don Alonso el Onceno...”[19]

El privilegio al que se refiere es el de la concesión de términos de la iglesia de Guadalupe o Acta de delimitación, fechado el 11 de mayo de 1338 y en el que se menciona a un tal don Gil de Santa María de Guadalupe, uno de los artífices que participaron en el mencionado deslinde.

…el dicho Fernand Pérez dixo que por quanto él non sabía la dicha tierra e término, que él que tomava a Yvannez Pasqual e a Pasqual Martínez, de Valverde de la Vera, de Plasencia, e a Rodrigo Pérez  e a don Gil de Santa María de Guadalupe, que muestren la media legua enderredor de la dicha iglesia…”[20].

Fray Gabriel de Talavera en su clásica historia escrita en 1597, al describir la fábrica de la iglesia de Guadalupe y los sepulcros antiguos de Reyes, y otras capillas que tiene el santuario, dice lo siguiente, respecto del pastor santo:

    “En el mesmo lado (Epístola) ay un nicho, sobre la puerta que va a la sacristía, donde ay tradición están depositados los huesos del pastor santo a quien apareció nuestra Señora”[21]

Un siglo después, dos acontecimientos casi simultáneos en el tiempo, aunque no en el espacio, harán aflorar el apellido del citado don Gil de Santa María que a partir de entonces se le conocerá como Gil Cordero[22].

En Guadalupe, según la historiografía, el primero que recoge su apellido es fray Rodrigo de Llerena, sacerdote y cronista (+ 31/7/1636)[23], autor de un manuscrito, posiblemente de la primera mano del Códice 12 (1700-1710)[24], quien nos confirma que "Gil Cordero, era el nombre de dicho pastor”.  
     
Con motivo de la inauguración del Retablo Mayor de la Basílica,
del que se cumple ahora el IV Centenario y la construcción de los mausoleos reales de Enrique IV y de su madre María de Aragón, se encontró en la Capilla Mayor, el 13 de febrero de 1618, un hueco abierto en la pared divisoria de la Capilla de Santa Paula, en el que reposaba el cuerpo incorrupto de Gil Cordero, con su mortaja, sus raudas y encajes, varias flores y hiervas olorosas. La Comunidad jerónima, después de tal hallazgo lo traslado a una caja de ébano, donde estuvo expuesto conjuntamente con la imagen de la Virgen hasta el 23 de mayo en la iglesia, volviéndolo a colocar en el mismo sitio, poniendo allí un cuadro representativo del hecho aparicionista y una lápida en la que se puede leer actualmente: Aquí yace D. Gil de Santa María de Guadalupe, a quien se apareció esta Sta. Ymagen. Fue natur. de la Villa de Cáceres”.

En Cáceres, unos años antes, con el fin de perpetuar la memoria, de uno de sus más destacados hijos, el Ayuntamiento de esta villa acordó el 2 de enero de 1612, a instancia de varios vecinos, adquirir la casa del vaquero, situada según la tradición en la muy cacereña calle gremial de Caleros, donde hoy nos encontramos, por un importe de 50 ducados con el fin de levantar un humilladero que perpetuase la memoria del vaquero, fomentando así también la devoción a la Virgen de Guadalupe de la que siempre fueron entusiastas devotos los cacereños. Las obras comenzaron a principio de 1618, aunque no fue hasta el 8 de septiembre de 1668, gracias a la ayuda y devoción de Juan de  Carvajal y Sande, presidente del Consejo de Hacienda,  cuando la imagen de la Virgen de Guadalupe se trasladó procesionalmente desde la iglesia de Santiago a su ermita para ser entronizada.
Ermita de Guadalupe. Cáceres

      Un siglo después, en 1743, el historiador jerónimo, fray Francisco de San José, en su Historia universal, vuelve a ofrecer un nuevo dato sobre Gil Cordero, identificándole con Gil de Santa María:

Por la fundación de una Capilla, que hizo en la casa de este buen hombre el Ilustrísimo Cavallero Don Juan de Carvajal y Sande, Presidente del Real Consejo de Hacienda, para que se registraron de orden suya muchos Prothocolos de Cáceres, indagando la verdad, que aseguraba la tradición ser esta la casa del Vaquero, se hallo era assi, como creían todos, y que se llamaba este pastor Gil Cordero” [25].

    Este dato que el campanariense San José se le atribuye a Juan de Carvajal, Serafín Martín Nieto en su documentado y descriptivo estudio sobre la ermita cacereña de Nuestra Señora de Guadalupe o del Vaquero, publicado en los XXV Coloquios Históricos de Extremadura, no hace referencia a él ni aparece en los llamados protocolos emitidos para edificar dicha ermita.

    Todavía en el siglo XIX, el político y geógrafo Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico Histórico de España, al describir la acepción GUADALUPE, texto elaborado por el Padre jerónimo Fray José de Alcalá (1801), autor también de Las adicciones a las historias de los Padres Talavera y San Joseph dará una nueva identidad al vaquero cacereño:

“Siendo los primeros vecinos el expresado vaquero, a quien el rey concediendo el titularse D. Gil de Santa María de Albornoz, su mujer, hijos y parientes”[26].

El padre Alcalá quizás en su afán de vincular al vaquero con  la nobleza castellana, concretamente con Gil de Albornoz, cardenal y arzobispo de Toledo (1338-1350), coetáneo suyo, protegido también de Alfonso XI. Su padre fue tutor del rey y sus hermanos participaron en las campañas de Granada y contra los benimerines en la Batalla del Salado, tan importante para Guadalupe y su santuario, le otorga el mencionado apellido Albornoz.

IV.     VIDA Y TESTIMONIO


Gil Cordero siguiendo  el mensaje de la Madre de Dios, trocó 
su oficio de vaquero por el de siervo de tan preciosa Señora, dejó de
guardar ganado para guardar la Pastora más bella, mayoral de 
su cabaña, y su primer valido[27], convirtiéndose en el primer
Sacristán de aquella incipiente iglesia, al mismo tiempo que junto 
su mujer, Mencía Ramos[28] e hijos fueron los primeros
pobladores de dicha Puebla, como enfermero y custodio de aquel 
sencillo hospital, que se levantó al mismo tiempo que la iglesia, para
tender a los peregrinos que allí fueran.

Refiere el códice 12 del Archivo del Monasterio de Guadalupe, al 
describir la persona de Gil Cordero, que tenía “un corazón muy
ancho, un ánimo muy grande y una suma esperanza”, que unido a 
su lealtad y nobleza, hizo que Alfonso XI le concediera título de 
hidalguía, anteponiendo el Don a su nombre propio, Don Gil de 
Santa María, dándole por armas una jarra de azucenas, como 
símbolo de pureza y un águila traspasada con una saeta el
pecho[29], que es emblema de la perspicacia en el ver, pues
mirando al sol de hito en hito no se le turban los ojos ante tal 
candor, mientras que el arpón traspasó su corazón henchido de
amor tras escuchar el mensaje guadalupense, tal como 
reflejaba el escudo adosado sobre la portada de su casa.

Casa del Gil Cordero. Guadalupe.
En Guadalupe también se conoce una casa en el Barrio de Abajo, en la calle Berganza, número 10 como el lugar donde según la tradición Gil Cordero vivió[30], con una portada granítica del siglo XV, en cuyo dintel campea un escudo partido[31]. En el primer cuartel se representa una iglesia y en el segundo una concha con bastón y espada en aspa. En 1953, Fernando Cotta y Márquez y Ramón José escribieron en la revista de Archivos de Genealogía y Heráldica un artículo sobre la “Heráldica en Guadalupe” y al tratar el blasón 34 de la casa del vaquero dicen que contiene un castillo y un águila. El castillo puede ser la Iglesia o Santuario de Guadalupe y en cuanto al águila, la única referencia es la que describe el escudo de su casa de Cáceres.

Igualmente, al referir C-12 su muerte dice que aunque “no hallamos razón cierta del año y día en que muriese el pastor sancto” ésta acaeció en 1338, porque desde este “tiempo no se hizo más mención de su persona, y así me persuado que quando el Rey vino a cumplir su voto era ya difunto, por lo cual el Rey hico luego nombramiento de Prior”[32], siendo enterrado en honrosa sepultura dentro de la Capilla Mayor del Santuario, en un hueco abierto en la pared divisoria de la Capilla de Santa Catalina, cuya referencia como hemos tenido ocasión de ver anteriormente no se conoció hasta el 13 de de Febrero de 1618, con motivo de las obras de las obras del Retablo Mayor.

Escudo en piedra de Gil Cordero. Siglo XV.
Sería también a partir de 1630 cuando en Honrado Concejo de la Mesta reconoció a Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de esa importante institución[33], tan ligada al Monasterio, a Gil Cordero y a su Virgen, como lo recordaba la gran lámpara de plata, de 128 marcos, donada por los pastores de la región de Extremadura, tal como lo refiere el viajero Jerónimo Münzer, en su visita de 1495[34].

La memoria de este santo varón no fino en el siglo XIV sino que su nombre siempre permanecerá junto al nombre de Cáceres, donde además de su ermita también la ciudad le ha dedicado una de sus avenidas y al de Guadalupe, en cuyo Santuario y Plazuela descansa y brilla con luz propia ese prodigio a través del cual la Virgen María mandó al mundo su mensaje guadalupense, que traspaso las altas cumbres de las Villuercas para arraigarse a través de su hijos en el Nuevo Mundo, donde es aclamada diariamente por millones de fieles, cumpliendo así su profecía, que en torno a Ella se haría un gran pueblo.

Pero esta impregnación de la ciencia de Herodoto no eclipsa el compromiso de nuestro sentir más profundo, aquel que escuchó por primera vez el propio vaquero Gil Cordero: “No temas que soy la Madre de Dios…” Desde ese mismo instante nos inoculó a todos los guadalupenses como servidores de su Santa Casa y Puebla.

Así lo dibujó en la Sacristía nuestro más singular pintor, Francisco de Zurbarán, en ese decálogo de vida, que  todos alguna vez hemos sentido en propias carnes, desde la humildad del padre Yáñez, rehusando el birrete arzobispal, la caridad de fray Martín de Vizcaya saciando a los más necesitados o las dudas existenciales del  padre Cabañuelas que igual que Tomás dudó del cuerpo de Cristo y entonces su sangre cristalizó en esos corporales, como símbolo de vida eterna.

Sello del Santuario con la estampación de la Aparición al vaquero. Piedra. Siglo XV.
Aunque como diría nuestro siempre recordado y académico Francisco Tejada Vizuete, el dulce desvarío de mi sueño y de la mayoría de los guadalupenses se inicia peldaño a peldaño, donde el jaspe se pule con las pisadas de los peregrinos, santos y reyes, donde la oración calla al silencio y la plegaria nace de lo más profundo del alma humana.

Qué dicha la nuestra, guadalupenses, poder adentrarnos en esa ciudad amurallada, Sancto Santorum de la Casa de Nazaret y arribar en esa nave para contemplar a la mismísima Aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, cuyo vástago nacerá de esa vara florecida de la raíz de Jesse, de esa vid que como uva prensada dará el vino nuevo, oloroso como el cinamomo, alto, recto y sólido como el cedro y el ciprés, en cuyo huerto cerrado florecen los lirios y el terebinto, el olivo y la palmera, el granado y las rosas, bajo ese rostro Moreno que nos predispone al servicio desinteresado y generoso, especialmente en estos días de sus Fiestas Patronales, donde miles de peregrinos acudirán para recibir sus favores.

Quiero concluir este estudio con unos versos de nuestro querido y siempre recordado poeta y cronista Oficial de la Puebla y Villa de Guadalupe, Nicolás Sánchez Prieto, (1981-1983) que gustaba firmarse con el seudónimo de Gil Cordero:

Antes de comenzar, quiero advertiros
que Gil Cordero vive. Os aseguro
que es aquí, en esta tierra, en este puro
paisaje de MarÍa…
                   Y añadiros
que es mi amigo y está solo a dos tiros
de liebre de mi alma.
                   También juro
que es amante de Dios,
                   firme, seguro,
sin trampa ni cartón.
                   Y he de deciros
que es muy pobre…
                   Es lo que se dice
un hombre limpio.
                   De esos que bendice
Santa María, y llora cuando lo hace…
Un hombre nuestro; de esos de pellejo
guadalupense, y guarda –ya muy viejo-
 la señal de la cruz de cuando nace…”[35]



[1] CERRO HERRANZ, María F., Documentación del Monasterio de Guadalupe. Siglo XIV. Badajoz. 1987, I-XXII pp-
[2] DOMÍNGUEZ, M. art. cit. p.18.
[3].-LINEHAN, Peter, “Los inicios de Santa María de Guadalupe y el gobierno de Castilla en el siglo XIV”. Traducción José Tello Sánchez, en Guadalupe, 754 (1988) y en Journal of Ecclesiastical History, 36 (1985).
[4].-ANÓNIMO, Gran Crónica de Alfonso XI. Edición preparada por Diego CATALÁN. Madrid, 1976, pp.449.
PÉREZ DE TUDELA Y VELASCO, María Isabel, “Alfonso XI y el Santuario de Santa María de Guadalupe”, En la España Medieval. Tomo III. Madrid, 1982, pp. 271-285.
[5].-CATALÁN, Diego, Un cronista anónimo del siglo XIV. La Laguna, 1955, pp.124-125.  La Gran Crónica de Alfonso XI está hecha dentro del reinado del Alfonso XI, quien quiso seguir  la obra de su homónimo Alfonso X El Sabio, por un anónimo cronista que conocía de buena mano las fuentes árabes.
[6].-CATALÁN, Diego, Gran Crónica de Alfonso XI. Madrid, 1976. p. 449.
[7].-ANDRÉS, Patricia, Guadalupe, un centro histórico de desarrollo artístico y cultural. Salamanca, 2001, pp.11.13
[8] A.H.N. Códice 48 B. Fundación antigua de esta Casa de Guadalupe. Leyenda: Cap. I-IV, fols. 1-14.
A.M.E. Códice IV. a.10: Nuestra Señora de Guadalupe. Leyenda, fols. 5 vto.-26 vto.
[9] COUSSEAU, Paul, Album-Guía de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal. Madrid, 1913, pp. 6
[10]RUBIO, Germán OFM. Historia de Nuestra Señora de Guadalupe. Barcelona, 1926, p. 21. [Texto del C- AHN, anterior a 1400]
A.M.G. Códice 10: ECIJA, Diego de, OSH., Libro de la Invención de esta Sancta Imagen de Guadalupe y de la erección y fundación de este Monasterio, de algunas cossas particulares y vidas de algunos religiosos. Siglo XVI, fols. 7 y 8.
A.M.G. Códice 1: Milagros de Nuestra Señora de Guadalupe, 1407-1497. Leyenda Cáp.I-VII, fols.1-12 vto.
[11] RUBIO, G. Obr. cit. pp.21-22.
[12] .-CRÉMOUX, Françoise, Pèlerinages et miracles à Guadalupe au XVI siècle. Madrid, 2001.
[13].- A.H.N. Clero. Leg. 1422, doc. 1 y carpeta 391 doc. 10.
[14].- ROVIRA LÓPEZ, Elisa, “La Virgen de Guadalupe en las leyendas medievales”, en Guadalupe, 673 (1984), pp.279-293.
[15].-ROVIRA LÓPEZ, Elisa, “Leyenda de Santa María de Guadalupe, según el Libro sexto de los Milagros”, en Guadalupe, 691-692 (1988), pp.
[16] RAMBLA, Fray Alonso de la, OSH. Crónica Vieja del Monasterio de Guadalupe. Edición y notas a cargo de Fray Antonio Arévalo Sánchez, OFM. Sevilla 2016.
[17].- A.M.G. O.F.M. Libro 102: Crónica del Monasterio de Guadalupe, monje muerto en 1484. Preparada para su publicación por Fray Arcángel Barrado Manzano. Texto mecanografiado e inédito. Valdeobispo , 1956, pp. I-XII.
[18] AHN. [Códice 555]L.48: Fundación antigua desta Casa de Guadalupe. 1440
[19].-ECIJA, Diego de, OSH., Libro de la Invención de Santa María  de Guadalupe Con una introducción y dos apéndices de Fray Arcángel Barrado OFM. Cáceres, 1953, p. 49.
[20].-Ay .H.N. Clero, carpeta 391, núm.19: Acta de delimitación de mojones del término de la Puebla de Guadalupe. 11 de mayo de 1338.
CERRO HERRAZ, María F. Documentación del Monasterio de Guadalupe siglo XIV. Cáceres. 1987, pp.2-3.
[21] TALAVERA, Gabriel de, OSH, Historia de Nuestra Señora de Guadalupe. Toledo, 1597, fol. 161 vto.
[22] ESCOBAR PRIETO, Eugenio, “Cartas y Privilegios del Rey D. Alonso XI al Monasterio de Guadalupe”, en Guadalupe, 53 (1909), p. 107.
[23]SAN JOSÉ, Francisco de OSH. Historia universal de la primitiva, y milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Madrid, 1743. C-III, p. 15.
A.M.G. C-61:Necrologio de los monjes. Año de 1636.
[24] A. M. G. C-12: Historia de Nuestra Señora de Guadalupe. 1700-1710, de autor anónimo, fol. 9 vto.
[25] SAN JOSÉ, Fray Francisco de OSH. Historia Universal de la Primitiva y milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe… Madrid, 1743, c.III, p. 17.
[26] MADOZ, Pascual, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo IX. Madrid, 1847, pp. 27-28.
[27] MALAGÓN, Joan OSH, Historia de Nuestra Señora de Guadalupe y algunos milagros suyos, ilustrada de algunas devotas meditaciones. Salamanca, 1672, pp.45.
[28] ESCOBAR PRIETO, Eugenio. “Cartas y Privilegios del Rey D. Alfonso XI al Monasterio de Guadalupe” II, en Guadalupe, 53 (1909) p. 107.
[29] MALAGÓN, FR. JOAN DE, Obr. cit., pp.46-47.
[30] Guadalupe se formó como pueblo peregrino, con dos ejes Norte y Sur, Barrio de Arriba, Barrio de Abajo. La ubicación de la Casa de Gil Cordero denota su procedencia sureña y su proximidad inmediata a una de las entradas fortificadas de la Puebla el Arco de las Eras.
[31] RAMIRO CHICO, Antonio, “Bosquejo histórico-literario de Guadalupe”, en Raíces de Guadalupe. Madrid, 2015, pp.n 90-91.
[32] A.M.G. C-12, fols. 25 vto. y 26 r.
[33] RAMIRO CHICO, Antonio, “Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, Patrona de Extremadura y Reina de las Españas”, en Revista  Ars  et sapientia. Abril,2017, pp.48-49.
LINEHAN, Peter, “Los inicios de Santa María de Guadalupe y el Gobierno de Castilla en el siglo XIV”, en Revista Guadalupe, 754 (1998), pp. 15-16.
[34] ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo. Guadalupe en los clásicos y en viajeros antiguos. Madrid, 2002, pp. 331-340.
[35] SÁNCHEZ PRIETO, Nicolás. Rosetones. Plasencia. 1978, pp.32.